Katrina
Un cadáver, flotando en el río Missisipi. Washington Post

La ayuda llega poco a poco a las zonas afectadas por el huracán Katrina. A bordo de vehículos anfibios y helicópertos, unos 7.000 militares trabajan en la evacuación y en el suministro de alimentos a las 60.000 personas que aún quedan en la ciudad.

Los militares no sólo están para distribuir ayuda y colaborar en la evacuación, sino también en poner coto a los incontrolados que saquean la ciudad, incluso en bandas armadas y organizadas. Los soldados tienen orden de disparar a matar.

Numerosos ciudadanos han denunciado asaltos a los 2.000 refugiados que aún se agolpaban en torno al estadio Superdome y el Centro de Convenciones, donde se han registrado disturbios entre los refugiados, que se peleaban por lo poco que hay.

Los dos hospitales de la ciudad, que estaban teniendo más problemas por la falta de suministros, el Charity y el Universitario, ya han sido evacuados.

La autopista interestatal 10, que une California con Florida, está llena bulldozers, grúas y vehículos de emergencias y militares que se dirigen a la ciudad.

Nueva Orleans es un escenario tercermundista: calles anegadas, llenas de escombros, con cadáveres flotando por doquier, incendios por filtraciones de gas, con aguas contaminadas por sustancias, excrementos y cadáveres, sin luz.

Según el senador por Luisiana, David Vitter, sólo en ese estado el número de personas muertas no bajará de las 10.000.

10.500 millones en ayudas

A su regreso a Washington tras visitar los estados afectados, el presidente Bush ha firmado un texto para destinar 10.500 millones en ayuda de emergencia. Especialmente crítica con la administración Bush es la comunidad negra y el partido demócrata. Los senadores de este partido han conseguido que se abra una comisión de investigación para analizar los errores en la respuesta gubernamental.

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