Maribel Verdú cumple 50 años: de sus tres historias de amor a su nieto

La actriz Maribel Verdú posa en el 'photocall' de la alfombra roja de los Premios Platino 2019.
La actriz Maribel Verdú.
Mario Guzmán / EFE

Su carrera es de sobra conocida por los cinéfilos. Su imagen es harto conocida para los espectadores. Y su nombre es sinónimo de calidad. Pero es cierto que la vida de Maribel Verdú fuera de las cámaras y de sets de rodajes es algo más desconocido. Aunque igualmente sea cinematográfica.

"Me enteré un día por un artículo que escribió Manuel Vicent en El País. Esos pósteres o los ponías en el techo o no cabían en ninguna aparte, entonces no quiero ni imaginarme el uso que les han dado. Han debido de hacer feliz a mucha gente y quitarles el estrés a muchos otros", aseguró.

Hablaba del robo masivo de los pósteres de las marquesinas que ella protagonizaba en ropa interior para una conocida firma y que daba cuenta no solo de que también ha sido contactada por publicistas y marcas sino de que el estatus de la actriz madrileña que este viernes cumplía 50 años también ha pasado por el de sex symbol.

Pero eso, por supuesto, no fue lo único en lo que se fijó su marido desde 1999, Pedro Larrañaga, al verla en pantalla en la película de Manuel Gómez Pereira a la que tanto cariño le tiene la intérprete. "Mi chico es de este mundillo, lo que pasa es que es el único de su familia que no ha sido actor. Y es cero mitómano. Pues él dice que se enamoró de mí en Salsa rosa, que la podía ver mil veces", reconoció en una charla con Icon.

No, hay algo más que une a Verdú con el hijo de María Luisa Merlo y Carlos Larrañaga: su absoluta discreción a la hora de llevar un amor que está más que testado a prueba de bombas. No les ha hecho falta tener hijos: nunca han querido: "Eso lo tuvimos claro desde el principio y ahora que tengo casi 50 años esta pregunta sobra".

"Los 50 me parecen muy significativos, es un número muy redondo, como me parecieron los cuarenta, que por cierto es el único cumpleaños que recuerdo, porque yo no soy muy de fechas, la verdad", ha declarado recientemente en una entrevista con Efe.

"[Los 50] Cuando te pillan, como a mí, con una buena salud mental -que es la única que al final te hace sobrevivir o vivir más acorde con tu manera de entender el mundo, tu sentido del humor, y tus prioridades-, pues creo que estoy mejor que nunca, francamente", ha certificado.

Lo cierto es que si algo ha sabido Verdú es mantener siempre en un segundo plano, siempre teniendo en cuenta que cuando empezaba a despuntar muy joven en cintas como Amantes, de Vicente Aranda, La estanquera de Vallecas, de Eloy de la Iglesia o El año de las luces, de Fernando Trueba (el director con el que fue a Hollywood, a la ceremonia de los Oscar que ganó por Belle Époque) llegó una prueba de fuego.

Quizá sea una de la bromas de la gala Inocente, inocente más recordadas por los españoles: a la pipiola en esto del papel couché le endosaban un conflicto internacional por haberse filtrado su supuesto romance con el príncipe Carlos de Inglaterra, siendo ella la causante de la separación del heredero al trono británico.

Puede ser que algo de ello contribuyera a que mantuviese más tarde en secreto su relación con el director de cine Antonio Giménez-Rico, con quien había trabajado en dos ocasiones (Soldadito español y Tres palabras, donde también hacía sus pinitos como cantante).

Sea como fuere, la prensa, sobre todo la más conservadora, les echó en cara la gran diferencia de edad entre ambos (32 años, el próximo 20 de noviembre el realizador cumplirá 82). Pero que protagonizara reportajes en la prensa del corazón no hizo sino ir a más.

En la revista ¡Hola', en 1992, fue fotografiada teniendo una escapada romántica con Cayetano Martínez de Irujo, y también se supo que mantuvo una relación con Emilio Sánchez Vicario, si bien, como ha explicado en un artículo el periodista Manuel Román, esta no fructificó en algo más debido a los constantes viajes de ambos.

La siguiente gran relación de Maribel Verdú fue cuando estuvo profundamente enamorada de Pablo Hernández, un operador de cámara con el que trabajó en varias cintas, como Al otro lado del túnel, de Jaime de Armiñán, o en la chilena El entusiasmo, dirigida por Ricardo Larraín.

Sin embargo, pronto su vida cambió. "Cuando le conocí, hacía cinco películas al año, porque lo que quería era salir de mi casa. Pero desde que estamos juntos, lo que me gusta es disfrutar de la vida con él. Escojo cosas en las que creo de verdad", le aseguró a la revista Woman hablando de Pedro Larrañaga.

Algo más íntima fueron sus revelaciones en el Diez Minutos: "Conocer a mi marido es lo mejor que me ha ocurrido en la vida. El secreto de lo nuestro es muy claro: querernos, respetarnos, admirarnos, que no exista rivalidad entre nosotros, reírnos a todas horas... y algo muy importante, el sexo, porque si no nos entendiéramos en la cama, nos convertiríamos en amigos".

La boda fue el 2 de septiembre de 1999. Y desde entonces. Él, orgulloso, la ha visto recoger sus dos premios Goya (de once nominaciones que tiene) por Siete mesas de billar francés y Blancanieves, la Medalla de Oro de la Academia Española de Cine y el Premio Nacional de Cinematografía.

Él le ha dado a cambio, si es que se puede decir en forma compensatoria, un 'nieto': en 2014, cuando la actriz tenía 44 años, el hijo de Pedro Larrañaga de un matrimonio anterior con Silvia Leblanc fue padre a los 28 años, lo que convertía a la actriz en abuelastra.

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