Roberto Bolaño
Roberto Bolaño AGENCIAS

Cuando murió Roberto Bolaño yo tenía un blog casi invisible. Escribí: "murió Roberto Bolaño, a quien sólo un transplante podía salvar la vida. Escritor de los de verdad -ni una sola ínfula, ni un sólo esnobismo, ni una sola colaboración como tertuliano en la radio- fue lavaplatos, guardia nocturno, camarero, casi indigente, padre... Escribía como respirando, entre cigarrillos, rock and roll del bueno e insomnio, en el pueblito de la Costa Brava que le había ofrecido patria después de tan dilatada extranjería. En los últimos tiempos se desmayaba con frecuencia en las plazas públicas: 'es muy poético', decía, siempre dispuesto a reír al payaso en uno mismo. Recuerdo el golpe de Los detectives salvajes, aquella novela de búsqueda y locura de personajes heridos por la poesía. Yo también me hice entonces bolañista y bolanista (Arturo Belano y Ulises Lima, inolvidables protagonistas marihuaneros)... Una mierda, Roberto, la vida es una mierda, muy poética, seguramente, pero muy mierda".

Ahora que ya no tengo blog –y la vida sigue siendo muy mierda– sigo a vueltas con Bolaño (Santiago de Chile, 1953 – Barcelona, 2003), que hubiese cumplido este año 55, dos más que yo. Acaso sea eso, la fisiología de las generaciones, las agendas que se pueblan de muertos, el sueño de un pueblo frente al mar para consolarse contra la inevitable extranjería de los transterrados, los mareos en las plazas públicas... No sé qué es, pero sigo siendo bolañista, bolanista y, por méritos propios, bastante boludo.

Sam Cooke, presidente

¿Qué demonios le ha pasado a los yanquis? Eligen a Sam Cooke como presidente, sientan a los sablistas en los banquillos de los tribunales y descubren que maldita falta que hacen los posmodernos si tenemos a Bolaño. Nueve de cada diez hit parades literarios anuales (desde el New York Times , que es para los escritores lo que el Forbes para los sablistas, hasta el Village Voice , que antes era un fanzine hippie y ahora un vademeco de servicios sexuales, pasando por el Time o el prestigioso e-zine Salon ) colocan la nóvela post-mortem 2666 a la cabeza de las listas de lo mejor de 2008. Tan ofuscados están que han relacionado la muerte del escritor chileno con una falsa dependencia de la heroína. Bolaño se troncharía con la falacia cacofónica: "El yanqui me llama yonqui".

El profesor de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Cornell (EE UU) Edmundo Paz Soldán (Cochabamba-Bolivia, 1967) cree que los estadounidenses quieren ver en Bolaño a un "nuevo Jack Kerouac ", el escritor beat (1922-1969) autor de la mítica novela proto hippie On the Road (1957). "Admiran la calidad de la escritura de Bolaño, pero han mitificado su figura como la de un Kerouac contemporáneo porque sienten que ese tipo de escritores ya no se producen en los Estados Unidos". Paz Soldán, coeditor de la antología Bolaño salvaje, opina que al escritor chileno "no le hubiera molestado que le conocieran como un 'Kerouac latinoamericano', pero, fiel a su espíritu de contradicción, hubiera atacado la idea y se habría burlado de ella".

El autor de 2666 murió, justo entre Compay Segundo y Celia Cruz en el timing bolañista de las defunciones, soñando con Kafka viendo arder el mundo mientras los Titanes luchaban en el cielo de Nueva York. Había publicado siete novelas (la octava, la imponente 2666, fue editada póstumamente) y sufría una enfermedad hepática que tiene un nombre chingadísimo desde un punto de vista gramatical: colangitis esclerosante primaria. Una semana antes de la muerte, publicaron su última entrevista (¡en la edición mexicana del Playboy!, ¿dónde más?). Decía mantener la esperanza gracias "a los niños que follan como niños" y los "guerreros que combaten como valientes".

En el Reino Unido, a la espera

Dejó escrito 2666 como forma de asegurar un ingreso extra para sus dos hijos: cuatro novelas que debían ser editadas por separado para que las regalías llegasen de forma gradual. Como forma de negar la muerte, apareció en una sola pieza. En los EE UU salió a la venta en noviembre . En el Reino Unido, donde ya la están esperando, saldrá en unos meses.

Preparan también unas cuantas películas basadas en su obra valiente, pero no esperen a la pantalla, vayan a las librerías y, si tienen el bolsillo enfermo, sean ladrones por una vez. A Bolaño no le importará. "Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpretar el delito", decía.

La novela con la que los yanquis se han convertido, como Belano y Lima, en real visceralistas veloces y tiernos, es, como otras de Bolaño, un libro insensato, perseguidor de la totalidad como deben ser los buenos libros, porque cuando te sientas y escribes abres las fauces del tigre y eliges el perfume de su feroz interior, que contiene todos los perfumes sintetizados en un hedor... El escritor ha de ser necesariamente un yonqui (debe escribir "como si al día siguiente fuera a ser electrocutado", recomendaba Bolaño), pero los yanquis se equivocan de sustancia. Es algo más peligroso que el jaco, más arriesgado: purita (y gloriosa) mierda de vida.

Momento decisivo
Noviembre de 1998. La editorial Anagrama , donde está publicada casi toda la obra de Bolaño , pone a la venta Los detectives salvajes , la novela que retrata e ilumina a la generación nacida en los años cincuenta, animada por "un cierto nomadismo, el deseo de cambiarlo todo y una utopía: la revolución al alcance de la mano". El efecto expansivo de la novela, desargumentada y basada en el registro múltiple, seguirá sacudiendo por siempre jamás.

No pases de…
Una peli: Bolaño salvaje . Es un libro, pero también un DVD. Un intento de explorar "la tierra todavía salvaje"de los mundos de Bolaño. Estudios académicas, semblanzas personales escritas por amigos y alguna pieza del escritor componen esta cuidada edición. Como añadido: el documental hasta ahora inédito Bolaño cercano, del holandés Erik Haasnot, una obra testimonial con la viuda, el hijo adolescente y los amigos literarios del escritor (Fresán, Vila-Matas, Porta, Villoro...). (Candaya , 2008. 24 €)

Un disco: From Elvis in Memphis . Ni Dylan, ni Morrison, ni Lennon. Ni siquiera los Pogues o Suicide. "No nos hagamos los remilgados: Elvis forever. Elvis con una placa de sheriff conduciendo un Mustang, atiborrándose de pastilla y con su voz de oro", declaró Bolaño poco antes de morir. Pese a lo poco que la música asoma en su obra, el escritor era, como Elvis, fogoso y luchador, una máquina de guerra. Este disco fue el retorno del Rey a sus dominios tras los años vergonzantes de Hollywood. (Elvis Presley, 1969. RCA. 9,75 €)

Un libro: El hombre en el castillo . En opinión de Bolaño, "uno de los autores más plagiados del siglo XX", Philip K. Dick (1928-1982) revolucionó la narrativa estadounidense e influyó en la literatura mundial con esta novela, editada en 1962, sobre la historia alterada: el resultado de un triunfo del Eje en la II Guerra Mundial-. "Una especie de Kafka pasado por el ácido lisérgico y por la rabia", escribió Bolaño, en cuya obra es palpable el registro cómico-político de Dick. (Philip K. Dick. Minotauro , 2002. 17 €)