Un Machu Pichu de 160 kilos de chocolate

  • Unos pasteleros de Lima han hecho una ciudadela de Machu Picchu de más de tres metros realizada con kilos y kilos de chocolate.
  • Es una de las grandes atracciones navideñas de la capital peruana.
  • Los turistas no se resisten y alguno ha comido algo de la ciudadela.
  • ESPECIAL: La Navidad en 20minutos | Felicita la Navidad.
Un nacimiento de chocolate que tiene como escenario la ciudadela inca de Machu Picchu. (Paolo Aguilar / EFE).
Un nacimiento de chocolate que tiene como escenario la ciudadela inca de Machu Picchu. (Paolo Aguilar / EFE).
Paolo Aguilar / EFE

Entre los abetos, renos, luces y demás motivos navideños que ya decoran Lima destaca una ciudadela de Machu Picchu de más de tres metros realizada con 160 kilos de chocolate, que se ha convertido en un punto de atracción de la Navidad peruana.

Como ahora Machu Picchu es una de las 'maravillas del mundo' decidimos hacerlo de chocolate

Elaborado a mano, sin ayuda de moldes, por doce personas durante 45 días de trabajo, la reproducción a escala de la famosa ciudadela incaica es obra del equipo de pastelería del hotel Marriott de la capital peruana, cuyo vestíbulo principal decorará hasta el próximo 5 de enero.

"Nosotros tenemos como tradición hacer un pueblo tipo europeo en Navidad. Lo hacemos de galleta de jengibre y lo decoramos con algodón, pero este año optamos por hacer algo peruano, y como ahora Machu Picchu es una de las 'maravillas del mundo' decidimos hacer este tema", explicó el pastelero jefe del hotel, Edwin Solís.

La tentación

La obra reproduce la ciudadela, con la montaña Wayna Picchu de fondo, así como el aledaño pueblo de Aguas Calientes, por el que circula un tren de juguete y donde está situado un tradicional nacimiento navideño. Además, no faltan detalles como pequeñas llamas (camélidos andinos) o personajes que visten con la ropa tradicional de los habitantes de la sierra peruana.

Según comentó Solís, que reconoció que es la mayor obra de chocolate que jamás ha realizado, la ciudadela resulta irresistible para algunos visitantes, que no pueden evitar meterle el diente a sus murallas. "De vez en cuando se comen un techo o se comen una ventana, o algo así. Así que tenemos que reponerlo de a pocos porque la gente, los turistas, no aguantan la tentación de romper un pedacito de chocolate y llevárselo a la boca", indicó Solís.

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