Renfe
Un hombre consulta el acceso a los andenes de Cercanías en la estación de Atocha. (ARCHIVO) ARCHIVO

Alberto (el nombre es figurado) comienza su tarea poco antes del amanecer. Como cada día, llega al punto de relevo (estación de Atocha) desconociendo cual será el destino de la jornada. Sólo sabe que se enfrenta a más de 12 horas de trabajo.

Así empieza el día para los empleados de los Grupos Operativos de Protección. Sus miembros son una especie de unidades de élite de seguridad privada que patrullan armados y a los que Renfe emplea para vigilar las zonas más conflictivas de la red de Cercanías.

Por ley, estos vigilantes sólo pueden llevar armas si lo autoriza la delegación del Gobierno. Según cartas remitidas a 20 minutos, algunos usuarios los acusan de ejercer "demasiada violencia".

La media de edad de los miembros de estos grupos está entre los 25 y los 35 años

"Sí, en una ocasión, después de llevar media hora aguantando Te voy a matar eres una mierda... mientras esperaba a la Policía se me escapó un bofetón", reconoce un ex jefe de los grupos que prefiere mantener el anonimato, que sin embargo rechaza que sus integrantes sean violentos. "No se nos va la mano" asegura uno de los efectivos.

Según ha podido saber 20 minutos, Renfe contrató este servicio hace unos ocho años bajo la directriz de "actuar con contundencia". Entonces eran una treintena los empleados de este operativo especial. Hoy son más de un centenar que se distribuyen en unos 30 grupos de cuatro personas cada uno y que van armados. La media de edad oscila entre los 25 y los 35 años.

Las empresas de seguridad prestatarias del servicio (Segur Ibérica y LPM) no han querido pronunciarse y Renfe no reconoce su existencia. Según dicen fuentes de la compañía ferroviaria, la única motivación de la empresa "es garantizar la seguridad de los usuarios".

Zonas conflictivas

Móstoles-El Soto, Parla, Puente Alcocer, Getafe Central, Villaverde, Las Margaritas... son algunas de las estaciones de la C-4 y la C-5 de Cercanías donde puede verse al operativo y que pasan por ser las "zonas calientes" de la red.

Éstas y el área de la sierra norte de Madrid, especialmente Cercedilla, donde Renfe exige desde febrero exige la presencia de "plantones", personal en labores de vigilancia permanente de vías y playas (lugares donde están los convoyes inutilizados y muy del gusto de los grafiteros) y a lo que se dedican el 50% de los grupos operativos.

"La gente no lo sabe, pero se están asaltando trenes completos a los que acceden hasta 30 magrebíes a la vez, que cuelgan piedras de los puentes para lanzarlas sobre la cabina, que intervenimos catanas, ballestas, puñales...", explican.

Por su parte, desde la Federación de Seguridad Privada de CC OO hacen hincapié en que "los vigilantes de seguridad están bien preparados" y que "no se puede estigmatizar" a un sector profesional de 27.000 personas en la región por "lo que puedan hacer dos o tres personas" del colectivo.