Más de 400 familias de la región han pedido ya adoptar un bebé madrileño
Tania y Carlos ya han sido padres. (A. NAVIA) ANTONIO NAVIA

"Llevamos años buscando un embarazo; hemos probado tres veces con la inseminación artificial, pero no ha habido suerte, así que ahora vamos a intentar tener un hijo adoptivo, porque nos encantan los niños" cuenta Ana Isabel Yébenes, de 38 años. Su caso es similar al de muchas de las 427 parejas madrileñas que estos días se han apuntado a la bolsa de adopción nacional: creen que ésta es su "última oportunidad para tener hijos".


Desde que el pasado 17 de octubre se abriera la bolsa para adoptar niños madrileños, que estaba cerrada desde 2004, unas 53 familias acuden cada día a inscribirse en el registro. Muchas son parejas que están en la lista de espera de las adopciones internacionales y que han aprovechado para solicitar un niño nacido en Madrid, que en general, suelen ser bebés a los que su madre biológica ha renunciado en el hospital.

"Estoy encantadísima"


Es el caso de Virginia García, de 36 años. «Cuando lo intentamos, la bolsa nacional estaba cerrada», así que optaron por la internacional y desde hace un año tienen una niña china. Cuando habla de ella, esboza una gran sonrisa y se le iluminan los ojos: "¡Qué voy a decir! Estoy encantadísima".

Las familias que quieran adoptar deberán acreditar, entre otros, más de tres años de convivencia y aportar un certificado médico y de antecedentes penales, así como un cuestionario disponible en www.madrid.org. El plazo termina el 17 de diciembre.

Aunque no sea su padre biológico, soy su padre y la defendería con uñas y dientes

Carlos Morales y Tania Jordán, de 44 y 43 años respectivamente, son padres desde hace una semana. Su hija, a la que han llamado Carmen (en homenaje a la madre adoptiva de Tania), "es larguirucha y tiene un buen tono de piel", aunque está en una incubadora por ser sietemesina. Esto no impide que la pareja esté con su hija "desde las 8 hasta las 23 h", dice Carlos: "Nos sacan a rastras, cuando ya están las luces apagadas". La espera "compensa" porque ahora tienen "un auténtico tesoro". "Cuando vimos a la niña, lloramos como idiotas", cuenta, y no duda al decir que "aunque no sea su padre biológico, soy su padre y la defendería con uñas y dientes".