"Quiero hacer una nueva vida aquí"

  • Cuatro jóvenes inmigrantes conviven en un piso tutelado en Barakaldo.
  • Aprenden un oficio, a vivir por su cuenta...
  • Se enfrentan a una nueva vida tras cruzar el Estrecho.
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Lahcen Baba y Hassan Ouadou en el salón de su casa.
Lahcen Baba y Hassan Ouadou en el salón de su casa.

Es la tarde noche y están cansadillos. Los cuatro jóvenes tienen sus cuerpos resbalados por los sofás del salón. La tele está puesta y los mandos de la Play en el suelo. Son adolescentes, y llevan esa sonrisa fatigada, tan susceptible de convertirse en risa. Acaban de volver a casa tras una de las primeras jornadas de trabajo de su vida. Y han llegado a esa casa, la primera que han tenido desde que cruzaron el Estrecho siendo niños.

Son cuatro jóvenes inmigrantes de 18 años. Conviven junto a una educadora en un piso de Barakaldo. Forman parte de un programa de la asociación Goiztiri dirigido a los menores inmigrantes que cumplen la mayoría de edad y ya no pueden seguir en los centros de acogida. Allí estarán ocho meses para afianzarse en su trabajo y aprender los rigores de la vida adulta. Es el tránsito entre un niño con macuto y un ciudadano que se hace una vida aquí.

Lahcen se ríe, no le asusta su futuro. «Sí... soy feliz...», confiesa hundiéndose en el sofá para ocultar su vergüenza. La vida le ha curtido una sonrisa en el rostro. Su historia comenzó agazapado en las piernas de un pariente, escondido dentro de un coche en la frontera marroquí. Pasó el Estrecho clandestinamente con 14 años. Vagó por centros de menores de España, por localidades como Vilafranca (Barcelona), y después llegó al de Loiu. Él y sus tres compañeros vinieron a Euskadi porque les contaron que aquí les tratarían mejor.

Trabaja poniendo pladur en Urduliz. ¿Qué le preocupa?: tener trabajo. Un compañero suyo, también marroquí, había logrado un empleo, pero cuando el jefe le vio sus rasgos magrebíes, improvisó una excusa para no contratarle. «Pero no digas mi nombre, que me cogen manía», pide.

«Quiero hacer vida aquí», dice Lahcen. Cuando marche de este piso tutelado se alquilará una vivienda con amigos. ¿Y luego? «No sé...». Si le preguntan si tiene novia se ríe mucho. Qué va a saber él, si tiene sólo 18 años.

"No nos dejan entrar en los bares"

Hamid Eddahabi responde rápido; es algo que ya ha pensado muchas veces: «Quien venga aquí a robar o pelearse que vuelva a su país. Nos están perjudicando a los que queremos trabajar». «Sí, claro que hay racismo», interviene Abderrahin Elaiam, amigo suyo. Un día fue a una discoteca y el portero no le dejó pasar porque no llevaba DNI. Fue a casa, volvió, y tampoco: «No, que armas jaleo». Sani Lamusah, de Ghana, no entiende porqué las chicas cambian de acera cuando va por la calle. «¡Por racismo!», le dice un compañero. «¡Porque asustas, tío!», bromea otro.

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