La violencia entre los distintos cárteles de drogas se ha trasladado a los penales de México, donde este lunes murieron en un enfrentamiento al menos 21 presos en un centro penitenciario del estado de Tamaulipas, un mes después del asesinato de otra veintena de reos en una cárcel de Tijuana.

Los primeros informes de las autoridades apuntan a que el motivo del incidente, registrado en el Centro de Ejecuciones de Sentencias de Reynosa, fronteriza con Mcallen (Estados Unidos), fueron las pugnas internas entre los reclusos.

Así lo informó el secretario de Seguridad Pública (policía) de Tamaulipas, Ives Soberón, quien dio las primeras cifras de muertos en el penal, con una población de 2.000 internos, pese a que su capacidad es para 1.500.

La cárcel, con capacidad para 1.500 presos, tiene 2.000 reclusos

Algunos medios aseguraron que los cadáveres fueron encontrados apilados e incinerados dentro del recinto carcelario, y que dos de los siete módulos permanecían todavía bajo el control de los presos amotinados.

Sin embargo, Soberón indicó a la prensa que la situación en la cárcel ya estaba controlada.

"El crimen organizado se está peleando el control de los penales" para realizar sus negocios ilícitos, especialmente el tráfico de drogas entre los presos, informó Engels López, ex director del Reclusorio Varonil Oriente del Distrito Federal.

Corrupción

Otro problema es la corrupción de los guardas y de la policía mexicana en general. Del penal de Tamaulipas, donde hubo una veintena de muertos, se fugaron hace once días 17 reclusos con la colaboración de cuatro guardas, que permanecen en paradero desconocido y por los que las autoridades han ofrecido una recompensa de cinco millones de pesos (384.000 dólares).

Más grave fue lo acontecido a mediados de septiembre pasado en el Centro de Readaptación Social (Cereso) de La Mesa, en Tijuana, ciudad fronteriza con San Diego (EE.UU.), cuando un motín derivó en una descontrolada vorágine sangrienta que dejó una veintena de muertos, supuestamente a manos de los celadores.

La violencia del crimen organizado se ha cobrado este año en México la vida de 4.000 personas

Hace doce días, en el penal de Topo Chico, en la ciudad norteña de Monterrey, se amotinaron decenas de reos, lo que obligó a la policía a intervenir con armas de fuego y helicópteros.

Tres días más tarde los enfrentamientos se produjeron en el Cereso de Cieneguillas, en el estado central de Zacatecas. En esta ocasión, los internos se alzaron contra los celadores, a quienes acusaron de torturar a 16 compañeros.

La escalada de violencia del crimen organizado, controlado por los cárteles de droga, se ha cobrado este año la vida de aproximadamente 4.000 personas, cuando en 2007 esa cifra llegó a 2.700.