Paul Newman
Paul Newman, uno de los grandes iconos del cine. Archivo

Elegancia, masculinidad, porte, complejidad, rebeldía, honestidad y sensualidad. Y con la rara excepción de poner de acuerdo sobre ello a hombres y mujeres.

Era, es, Paul Newman. Su primera aparición en el cine fue en El cáliz de plata (1954). Desde entonces más de 50 películas ante las cámaras le avalan y, por lo menos la mitad, auténticas joyas como para no perdérselas.

Además de su faceta como actor, destacó como director y productor. Fue nominado al Oscar en 8 ocasiones como actor principal, 1 como actor de reparto y una más como productor. Pero sólo lo ganó una vez, en 1986 por El color del dinero, un año después de haber recibido una estatuilla honorífica.

El impacto de gran parte de sus películas tanto entre el público como entre la crítica fue espectacular. Es difícil destacar sólo una decena, pero fácilmente podríamos recordar las siguientes:

Marcado por el odio (Robert Wise, 1956)

Marcado por el odioFiel defensor del Método del Actor's Studio, su segundo largometraje como protagonista también le significó el reconocimiento internacional. Newman saltaba de la delincuencia en las calles neoyorquinas al ring para recrear la biografía de otra figura mítica, pero del boxeo, Rocky Graziano. Imprescindible también por Pier Angeli , una formidable fotografía en blanco y negro y un ritmo vibrante. Por algo su director, Robert Wise , fue el montador de Ciudadano Kane (1941).

La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958)

La gata sobre el tejado de zincCosas que tiene Hollywood, y las grandes estrellas, a veces. Ni siquiera la rígida censura de la época, que camufló la homosexualidad de su protagonista, evitó que ésta sea no sólo una de las mejores adaptaciones de una obra de Tennesse Williams sino también uno de los grandes clásicos del cine. Temas como la familia, las relaciones paterno-filiales, el amor o la hipocresía desfilan entre la maestría de sus intérpretes y diálogos. Y un recital de Elizabeth Taylor , que recibió la noticia de la muerte en un accidente aéreo de quien era su esposo por entonces, el productor Mike Todd. Hecho que la hizo entregarse aún más al personaje.

El buscavidas (Robert Rossen, 1961)

El buscavidasUn perdedor. Un granuja que se gana la vida desplumando a los incautos que le retan en la mesa del billar. Es Eddie Felson, elevado al altar de los personajes de cine memorables por obra y gracia de un magnífico Newman. Secundado además por otras interpretaciones que rayan la perfección, como la de el Gordo de Minnesota (Jackie Gleason ), su máximo rival; o Sarah Packard (Piper Laurie ), la mujer que tal vez pueda sacarle del camino a la perdición.

Cortina rasgada (Alfred Hitchcock, 1966)

Cortina rasgada Su única película bajo las órdenes del maestro del suspense, en un rodaje en el que actor y director no salieron demasiado amigos. Interpretó a un físico nuclear norteamericano que, a petición de los servicios secretos de EE.UU., debe hacerse con una fórmula secreta hallada por un científico alemán al otro lado del telón de acero. Para conseguirla se hará pasar por comunista y traidor a su patria incluso ante su propia prometida (Julie Andrews ). Con éxito crítico y comercial sólo aceptable en su estreno, no está considerada como una de las obras maestras de Hitchcock . Pero contiene al menos dos momentos para recordar: lo difícil que es matar a una persona (y toda una escena de referencia, que incluso recientemente Ang Lee llegaba a homenajear en Deseo, peligro ); y la huida final en autobús.

La leyenda del indomable (Stuart Rosenberg, 1967)

La leyenda del indomableNuevamente un rebelde a la sociedad, esta vez condenado a dos años de prisión por una minucia: romper los contadores de un aparcamiento. Paul Newman es Luke en uno de los títulos de su filmografía más amados por la crítica estadounidense. Un drama carcelario que, se haya visto o no, inmediatamente se asocia con dos secuencias de las que todo el mundo ha odio hablar alguna vez. La apuesta de Luke de comerse nada menos que 50 huevos. Y la sexy presencia de Joy Harmon , una rubia que se dedica a caldear los ánimos de los presidiarios en sus trabajos forzados al aire libre. Su especialidad, el uso de la "manguera" y el jabón para limpiar el coche. Imágenes que, por ejemplo, inspirarían infinidad de anuncios de televisión, videoclips y demás películas; además de ser considerada como uno de los momentos más tórridos del cine.

Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969)

Dos hombres y un destinoTítulo mítico de la historia del cine, y también uno de los mayores taquillazos de los sesenta. Como no podía ser menos al reunir en la misma pantalla a Newman con otro de los grandes guapos por excelencia del celuloide, Robert Redford. Dos asaltadores de bancos en el viejo Oeste a punto de desaparecer que formarán un singular trío con Etta Place (Katharine Rose). Y una canción, Raindrops Keep Fallin' on My Head, compuesta por Burt Bacharach, convertida en un himno a la libertad y al gozo de vivir el momento.

El golpe (George Roy Hill, 1973)

El golpeLa legendaria pareja protagonista de Dos hombres y un destino, Newman y Redford, volvería a unir sus fuerzas para esta original, divertida y enrevesada trama de engaños que inspiraría en parte a la saga de Ocean's Eleven de Steven Soderbergh . El Chicago de los años treinta y el mundo de los gangsters desde una óptica totalmente distinta, un guión excelente y un final absolutamente sorprendente. Banda sonora adaptada por Marvin Hamlisch igualmente inolvidable.

Veredicto final (Sidney Lumet, 1982)

Veredicto finalDavid contra Goliat, o Frank Gavin, un veterano abogado que ha conocido tiempos mucho mejores, retomando el pleito más importante de su carrera, el de enfrentarse a las grandes corporaciones, en este caso un hospital denunciado por un error médico. El Newman más maduro aportó la sexta nominación como actor de su carrera. Pero la estatuilla volvió a escabullirse yendo a parar a manos de Ben Kingsley y su Gandhi en el film de Richard Attenborough .

El color del dinero (Martin Scorsese, 1986)

El color del dineroAnulando el dicho de "Segundas partes nunca fueron buenas", y validando lo de "A la segunda fue la vencida", obtuvo finalmente el Oscar al mejor actor (a los ¡61 años!) la segunda vez que se puso en la piel de Eddie Felson. Aquí ya retirado de la profesión, de buscavidas del billar, y regentando cómodamente una licorería hasta que se cruce en su camino un nuevo desafío, un joven que puede seguir sus pasos como el mejor empuñando un taco o y embaucando a sus contrincantes. Un muchacho llamado Vincent, con el rostro del por aquel entonces todavía una firme promesa de la interpretación, Tom Cruise. Una secuela dirigida con mano maestra por Scorsese.

Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002)

Camino a la perdiciónSi su último trabajo para la gran pantalla fue poner la voz de ese auto, vieja gloria de las carreras, en la película de animación Cars , de John Lasseter, cuatro años antes lo vimos en su obra póstuma en carne y hueso. Fue como jefe de la mafia irlandesa en Rock Island. Un hombre paternal y protector pero también implacable y despiadado, aunque se trate de perseguir a aquel a quien ama como si fuera su propio hijo, Michael Sullivan, encarnado por el doblemente oscarizado Tom Hanks . El momento: aquel en que Hanks y Newman se marcan un dúo al piano.

Y un recuerdo también para: El largo y cálido verano (1958), Éxodo (1960), Dulce pájaro de juventud (1962), El premio (1963), Harper, investigador privado (1966), Hombre (1967), Casta invencible (1971), El juez de la horca (1972), El coloso en llamas (1974), Buffalo Bill (1976), Ausencia de malicia (1981), El gran salto (1994), Ni un pelo de tonto (1994), Al caer el sol (1998)...