«Bilbao no es exactamente el malecón de la Habana», ironiza Borja Cobeaga, siempre sembradillo. «Es una ciudad de provincias, donde se pilla poco y los bares cierran pronto», puntualiza. Desde hace cuatro semanas el director donostiarra está rodando en Bilbao Pagafantas, su primer largometraje.

Es la historia de Chema, un chaval de 26 años que dejó a su novia de siempre porque pensaba que su arroz no estaba totalmente pasado, y aún aspira a golfear un poco. Busca chicas de fiesta, y su frase es:«Seguro que todavía encontramos un bar abierto».

«Soy burgués y hago cine burgués. Es un Bilbao de Indautxu»

Fracasa. Se enamora de Claudia (Sabrina Garciarena), una tía buena que le ve como amigo, y que no observa en él peligro sexual. Él le paga las fantas en el bar; es el Pagafantas. Cuando cree que no puede caer más bajo, hay más fondo. «En gran parte es una película autobiográfica», prosigue Cobeaga. Aunque también alguna pobre le ha pagado a él las fantas, sostiene.

Dice que es «la típica comedia sofisticada bilbaína», que retrata un tema social, «que es no pillar». Enumera otros temas sociales como la eutanasia o la mina. Se ha pateado Bilbao, buscando karaokes «decrépitos que terminan en s, como el Coco’s». Y llegó a uno de Deusto, y había ancianas bailando a tope. Eso le emocionó.

Promete que Bilbao sale bonita. Y advierte:«Soy burgués y hago cine burgués. Es un Bilbao de Indautxu». u. e.

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