Alan Lomax
Alan Lomax, fotografiado en una aldea de Aragón. AMERICAN FOLKLIFE CENTER
Ahora que las canciones tienen la misma permanencia que una noticia en una página web, es decir, el suspiro entre un escote y el próximo, sorprende aún más el corpulento calibre de estas baladas de cosecha o romances de desventura. Canciones cantadas al raso para recordarnos la paradoja: sabemos qué canta el último necio a la moda, pero no recordamos qué cantaban nuestros abuelos.


Casi un siglo antes de la etiqueta de música del mundo, el quitapesares de la mercadotecnia para convencernos de que escuchamos globalmente –mientras consentimos pecados no menos globales como la opresión–, ya había un global jukebox. Lo recuerda el documental Lomax: The Songhunter (American Documentary, Rounder. 2007), dirigido por el danés Rogier Kappers y ahora editado en España en formato de DVD.

Un legado conmovedor

La peripecia que se nos cuenta es la de Alan Lomax (1915-2002), un romántico e idealista caza-canciones que dejó a la humanidad un legado conmovedor: 10.000 grabaciones de campo. No hay otra colección comparable de música popular en el mundo. La atesora la Biblioteca del Congreso de los EE UU.

Bailarina, valencia 1952Entre 1952 y 1953 el afán por rastrear los cantos de la tierra y sus pobladores trajo a Lomax a la España negra y famélica de la posguerra civil. La estancia duró seis meses. El folclorista iba solo, con la única compañía de un enorme grabador a baterías.

Se desplazaba en autobuses allá donde le decían los paisanos que había un buen intérprete de gaita o un cantador de jotas. No le importaban ni las distancias ni la Guardia Civil, que le marcaba de cerca sospechando revoltosas intenciones liberales en aquel yanqui rechoncho.

Gaita para acompañar la castración

Del viaje, reconstruido ahora en el documental, salieron 75 horas de grabaciones de campo y 14 discos, los primeros de música popular grabados en España fuera de los estudios. Hay volúmenes dedicados a Galicia, el País Vasco, Aragón, Mallorca, Ibiza, Asturias, Murcia, Castilla, Santander, Valencia, Navarra y León.

Lomax 1979Vaqueiradas, albaes, desafíos y hasta toques de gaita para acompañar la castración de los cerdos. La música, en suma, que hemos perdido en el camino hacia esta inmensa pero, dicen, divertida miseria. Lomax lo predijo: "Llegará un día en que el arte de la grabación estará por encima del arte de la creación musical".

Saludado como preservador de esencias y descubridor de caminos por, entre otros, George Harrison, Bob Dylan, Keith Richards, Brian Eno o Pete Seeger, el caza-canciones yanqui había enfermado del ansia de recolectar voces de la mano de su padre, John Lomax.

Una hemorragia cerebral en 1998

Recorriendo plantaciones, presidios y campamentos de algodoneros negros del sur de los EE UU ambos habían descubierto a principios del siglo xx al bluesman Leadbelly; a un jovencísimo intérprete llamado a revolucionar el género del blues rural, Muddy Waters, y al trovador social Woody Guthrie.

Hasta que una hemorragia cerebral le dejó impedido en 1998, Lomax siguió rastreando música mundo adelante sin pensar en patrias, sino en canciones y las personas que las habitan: viajó a Rumanía, la India, Escocia, Gales, Inglaterra, Irlanda, Francia, Calabria, Sicilia, Perú, el Caribe... Siempre con el magnetofón y el micrófono a cuestas.

Charley Patton y la antología del Folk

Charley PattonNada sería posible sin Charley Patton (1891-1934), el padre del blues del Delta y, por extensión, del blues de Chicago, el rhythm and blues y el rock and roll. Vivió poco (42 años) y grabó menos, pero tocó en todas las plantaciones de algodón y antros canallas del área de Mississippi. No había amplificación. Tampoco la necesitaba: su voz, cuentan las crónicas, llegaba a casi 500 metros de distancia.

Por otro lado, quien no haya escuchado Anthology of American Folk Music (Folkways, 1952) no tiene derecho a opinar sobre música. Lo dicen Beck, Bob Dylan y Jeff Tweedy, subyugados desde siempre por la magia de esta antología de seis discos grabados sobre el terreno en los espacios más sombríos de los EE UU.

Anthology of American Folk MusicEl compilador, Harry Smith (1923-1991), era un visionario vehemente, un artista total implicado hasta la médula en la confrontación de la cultura oficial, la de los gustos unificados, con la verdadera, la de las manos manchadas de tierra. Una obra titánica y tan poderosa como para instaurar con ella una religión.

NO PASES DE...


Una peli

HoneydripperHoneydripper. En la Alabama algodonera y racialmente segregada de los años cincuenta, el blues crecía y competía en los ardientes locales de venta clandestina de alcohol. El siempre elegante y comprometido John Sayles dirige con ardor y cariño una película que rebosa sudor, guitarras y buena música. (John Sayles, 2007. Todavía en cartel).

Un disco


Good for what Ails You:Music of the Medicine Shows 1926-1937Good for what Ails You:Music of the Medicine Shows 1926-1937. Jabón para garantizar el amor, infalibles crecepelos, elixires contra la melancolía... La música de los feriantes de la salud y los milagreros embaucadores. Procaces vendedores de drogas grabados en directo. Viene con un impagable folleto que reproduce los prospectos. (Old Hat, 2005. 20 €).

Un libro

Heroes of Blues, Jazz & CountryHeroes of Blues, Jazz & Country. El dibujante Robert Crumb, alguna vez llamado el Breughel del siglo xx, es un compulsivo coleccionista (e intérprete) de música oldtimer. Aquí reúne sus cómics sobre la historia de los pioneros y, de regalo, selecciona 21 canciones de, entre otros, Skip James y Dock Boggs. (Robert Crumb, 2006. 20 €. importación).