Un paseo (largo) por el Electric Festival

  • El certamen de Getafe reunió el primer día a 50.000 personas.
  • Rage Against the Machine y Metallica, los mejores conciertos.
  • La bebida, abundaba; el público asaltó las gradas 'reservadas'.
El escenario del Electric Weekend, en su máximo apogeo durante la actuación de Metallica (EFE).
El escenario del Electric Weekend, en su máximo apogeo durante la actuación de Metallica (EFE).
AGENCIAS
La cita musical de este fin de semana en Madrid, con perdón de la cultura urbana, estaba en Getafe. El
Electric Festival lograba congregar, sólo el viernes y ante la
mirada atónita de los oriundos, a 50.000 personas ávidas de rock del duro y aventura sobre asfalto. El recinto militar adecuado para ello,
rodeado de endebles vallas y toneladas de basura acumulada desde primera hora de la tarde, dio pie a ello
sin hacer distinción alguna, porque allí había de todo, desde
punkies con crestas de colores a
heavies de toda la vida.

La estampa era espectacular, miles de personas
vagaban de un extremo a otro del perímetro del
Auditorio John Lennon, bien buscando su acceso –había varios, según el
ticket adquirido–, bien intentando averiguar la ubicación del
muy, muy alejado camping. Una, a priori, estricta organización, se tornó en caos
por la cantidad ingente de público asistente. Entre acreditaciones, invitaciones y alguna gente que decidió no pagar –
"Tío, nos hemos colado". "No jodas"– las previsiones se desbordaron, o eso parecía.

Dentro, y tras
franquear hasta tres controles que no comprobaban más que la entrada o la pulsera de turno, el paisaje no cambiaba demasiado.
Vasos, platos y demás por el suelo, grandes carpas abarrotadas y dos escenarios con espectadores entregados. Hacerse con algo de beber era fácil y caro –
8 euros el mini de cerveza–, y comer, una misión imposible. Hasta seis filas de personas se agolpaban en ciertos momentos
en la única barra con bocadillos y similares. Previo pago en la otra punta del recinto, claro.

El
merchandising no triunfaba demasiado y
las escasas sillas dispuestas eran el bien más preciado junto con un hueco de suelo seco. Algunos paraguas
asomaban por bolsillos traseros, pero la lluvia respetó hasta que dio comienzo la última actuación de una jornada que se inició con
suculentos aperitivos para hacer hambre, como los conciertos de
Iggy (Pop) con los Stooges. Su melena rubia,
sus grititos y sus saltos desmesurados no decepcionaron.
Tom Morello celebró su cumpleaños tocando

Todos ellos
sirvieron para calentar el ambiente de cara a una de las esperadísimas apariciones de la noche, la de
The Offspring. Pero los de California no tenían su día.
Dos veces pararon el show de una hora, una en la quinta canción, por problemas, se intuía, que de sonido.
La voz de Dexter Holland funcionó a ratos, aunque, y a pesar de ceñirse a tres álbumes con una predilección por
Smash –su mejor trabajo–,
consiguieron hacer botar de lo lindo al respetable, que asaltó las gradas reservadas para la prensa.

Tuvieron que subir al escenario
Rage Against the Machine para que aquello funcionara. Se hicieron de rogar –
comenzaron con media hora de retraso– pero mereció la pena. Una impactante puesta en escena –se lo trabajaron– con ellos
vestidos con monos naranjas y la cabeza cubierta con capuchones negros,
aludiendo a Guantánamo, dio la salida a un apasionante espectáculo en el que no faltaron la estrella roja,
La Internacional y el archiconocido Killing in the name of como guinda. Todo con ritmo y soltura.

Tom Morello,
que cumplía años precisamente el viernes, ofreció un verdadero recital con su guitarra y
fue muy aplaudido por la concurrencia. De la Rocha se desvivió, como siempre, e hizo que todos se contagiaran de su entusiasmo.
Hicieron tres bises.Su actuación casi se solapó con la de
Queens of the Stone Age, a unos metros de distancia. Los otros californianos vieron
cómo el aforo se reducía por momentos a eso de las 2.30 horas, y es que su saturado sonido no ayudaba mucho.
Cosas de tocar bajo techo.

El sábado le tocó el turno
Queensrýche, Within Tempation o Machine Head, entre otros. Como era de esperar, los de James Hetfield triunfaron
casi sin apenas empezar la velada, y eso a pesar del tiempo, que enseñó su peor cara.
Hasta fuera del auditorio se respiraba metal
, y las dos horas que el grupo estadounidense empleó en dar lo mejor de sí
fueron seguramente irrepetibles para los asistentes. Habrá que esperar otro año para sacar los cuernos, si se puede, al sol.
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