Sidney Pollack.
El director de cine Sidney Pollack. AFP

Su sonrisa sardónica y unos pícaros ojos que siempre escondía tras sus gafas hicieron de Sydney Pollack uno de los rostros más populares del cine estadounidense de los últimos treinta años. Pero si Pollack es ahora recordado es más por su trabajo como director que como actor. De su extensa filmografía, éstas son probablemente las diez cintas más interesantes.

Tootsie y Memorias de África son, probablemente, las dos mejores obras del Pollack director
Danzad, danzad, malditos (1969)

Aunque ya había rodado varios largometrajes, es con esta película con la que Pollack se convierte en uno de los cabecillas del nuevo cine americano. Adiós a la inocencia: en la deprimida década de los 30 se celebra en California un maratón de baile, con cientos de personas dispuestos casi a morir por un puñado de dólares. Pollack se centra en estos perdedores para recapacitar sobre la ambición, los sueños rotos y el suicidio. Ganó un Oscar y optó a otros ocho, entre ellos el de mejor director.

Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972)
Muchos años antes de que el ecologismo ocupara portadas Pollack y Robert Redford se embarcaban en este viaje iniciático con mucho que ver, por ejemplo, con la reciente y magnífica Hacia rutas salvajes de Sean Penn. Jeremiah Johnson es un soldado federal que huye de la guerra y la civilización para vivir en las montañas: personajes inolvidables, aventuras constantes y un héroe, tan abnegado como modesto, que consagró la carrera de Redford.

Tal como éramos (1973)
Oscar a la mejor banda sonora original y a la mejor película, aunque no haya envejecido muy bien sigue siendo uno de los títulos más célebres del cine americano de los setenta. Pollack mezcla el romanticismo con la política, aunque su principal argumento será la melancolía y la presencia de Redford, Barbra Streisand y sus recordadas canciones. La actriz, por cierto, se 'come' en todas las escenas a su rubio compañero.

Yakuza (1974)
Pollack se pone serio, se olvida de bosques y amores difíciles y se entrega a los hombres duros en Yakuza, la vibrante historia de un tipo que vuelve a Japón a enfrentarse con la mafia japonesa y, sobre todo, a un pasado tortuoso. El gran Robert Mitchum lidera una película memorable, llena de tatuajes, venganzas y meñiques amputados por honor.

Ausencia de malicia (1981)
Si algo caracterizó al Pollack director fue la habilidad para elegir a sus protagonistas. Ausencia de malicia intenta adentrarse en el lado oscuro de la Prensa y la Justicia, pero si por algo es recordada es por las interpretaciones de Paul Newman y Sally Field. La película, en todo caso, es entretenida, y lanza lecciones de periodismo tan certeras como ésta: nunca te acuestes con el tipo al que estés investigando... a menos que sea como Paul Newman.

Tootsie (1982)
Optó a diez Oscar pero sólo ganó uno: no era fácil en un año en el que coincidían Gandhi, E.T. o Desaparecido. Tootsie, como tantas otras obras maestras, fue minusvalorada por ser una comedia, una de las más divertidas de los ochenta. La historia del actor fracasado que alcanza el triunfo tras convertirse en una mujer de carácter dio pie a fabulosos chistes, una ácida crítica al mundo del cine y la televisión y una tiernísima e imposible historia de amor. El trabajo de secundarios como Bill Murray, Charles Durning, Teri Garr o el propio Pollack es inolvidable.

Memorias de África (1985)
La cima de Pollack, que con esta adaptación del libro autobiográfico de la danesa Isak Dinesen obtuvo siete Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor director. El enrachado cineasta vuelve a confiar en Redford para el personaje de Denys, un aventurero tan atractivo como independiente, y elige a Meryl Streep y Klaus Maria Brandauer para encarnar a una tormentosa pareja. La película tiene de todo: emoción, aventura, paisajes y, sobre todo, muchísimas lágrimas y amor.

Habana (1990)
Séptima película de Pollack y Redford pero el resultado, ni a nivel crítico ni comercial, no llega a los resultados de antaño. A los americanos no les gustó por el componente político; a los europeos, porque Casablanca sólo hay una y a nadie le gusta ver a Redford en el puesto de Humphrey.

La tapadera (1993)
Adaptación de un superventas de John Grisham, Pollack apuesta por un valor seguro como Tom Cruise para recuperar su puesto de poder en Hollywood. Pero no funciona: la historia se diluye a lo largo de las casi dos horas y media de duración, los actos del protagonista resultan incomprensibles y ni siquiera la presencia de secundarios como Gene Hackman o Ed Harris logra reflotar el barco.

Sabrina (1995)
La travesía en el desierto de Pollack continúa con una cinta que, probablemente, sólo quería hacer dinero. Tómese un clásico inolvidable (la Sabrina de Billy Wilder, Bogart, William Holden y Audrey Hepburn), aprovéchese el tirón comercial que siempre tienen las comedias románticas y pónganse rostros populares como los de Harrison Ford y Julia Ormond. El resultado es digno, pero totalmente prescindible.

Apuntes de Frank Gehry (2005)
Es la número once de esta lista, pero es una buena propina: Aunque dirigió el mismo año La intérprete, un rescatable thriller con Nicole Kidman y Sean Penn, este documental sobre el arquitecto Frank Gehry es el trabajo más interesante de los últimos años de Pollack. Era su primer documental y no pensaba dirigirlo, pero fue el propio Gehry el que le pidió, como amigo, que reflejara su forma de vida. A lo largo de cinco años, y con muchas charlas -filmadas- de por medio, Pollack logra reflejar el genio creativo del arquitecto.