Diego López, el pintor del monte del Cabezo
López, en el monte que está pintando EDU BOTELLA

Diego López pintó de azul la montaña de Cabezo de Torres. De eso hace ya cinco años y su osadía le obligó a marcharse del pueblo. Ahora ha regresado con pintura blanca a mano. Esta vez quiere que un monte de piedra, en medio de la huerta más calurosa de Murcia, parezca nevado.

¿Por qué se fue del pueblo tras pintar la montaña?

Porque las beatas de la ermita de la Virgen de las Lágrimas recogieron firmas para meterme en un psiquiátrico. El sargento de la Guardia Civil me avisó y antes de que me echaran mano, no por pintar el monte de azul, sino por cantar muy alto en la iglesia, me marché.

¿Y dónde estuvo?


Pasé dos años en Santa Cruz de Tenerife.

¿Pintó algo por allí?


Allí trabajé en el tranvía y pinté cuadros que regalé porque no podía traerlos.

¿Usted cree que es un artista incomprendido?

No, yo no soy un artista. Yo soy un profeta. Con 33 años pensaba que me estaba volviendo loco. Escuchaba voces y lo pasaba mal hasta que empecé a hacer lo que esa energía me mandaba. Iba predicando por las calles de mi pueblo y no me hacían ni caso. Así que Dios me dijo, pinta la montaña de azul y podrás comunicar lo que yo te pido.

¿Y esos mensajes de Dios cómo los recibía?

Telepáticamente.

No debe ser fácil ser el elegido, ¿cómo lo lleva?

La humanidad no está preparada para saber quién soy. Ni yo lo sé y eso que estoy en contacto con Dios.

¿Cuánto tiempo pasó pintando la montaña de azul y ahora de blanco?

Tardé cinco años en pintar la montaña de azul. Y ahora me tiro diez horas cada día pintando los picos de blanco. Con los picos de nieve está bellísima.

¿Qué cantidad de pintura se lleva simular la nieve?

50 de pintura y 50 de disolvente. La otra vez, cuando la pinté de azul gasté cientos de litros. No sé cuántos.

¿No teme que vuelvan a recoger firmas para encerrarle en un psiquiátrico?

No, ya no voy a la iglesia.