El resurgir de Eugenia Martínez de Irujo

Eugenia Martínez de Irujo junto a su pareja Narcis Rebollo, en París.
Eugenia Martínez de Irujo junto a su pareja Narcis Rebollo, en París.
GTRES

Está en uno de sus mejores momentos. Lo dicen sus pequeños pero sinceros ojos. Los de Eugenia Martínez de Irujo son de esos que hablan sin palabras. Y más ahora cuando parece otra.

No solo porque el amor de Narcis Rebollo, con el que se casó por sorpresa, le ha hecho más feliz, sino porque se muestra libre, sin cargas, sin deudas (emocionales) y sin prejuicios. Es, tal vez, la mejor versión de la hija de la Duquesa de Alba, despojada de pasados revoltosos y polémicas escritas muy a su pesar.

Disfruté de su compañía en las entrañas del concierto que Luis Fonsi ofreció en Starlite -el oasis musical que Sandra García-Sanjuan ha tallado en la cantera de esa Marbella que ha encontrado en estos conciertos de primer nivel la pompa que perdió con los años- y comprobé que sigue teniendo la pasión de siempre pero envuelta, como dice mi amigo Aurelio Manzano, en una ternura sin límites.

Eugenia es de las que prefiere enfrentarse y resolver para esbozar un futuro más amable, a sonreír y mirar hacia otro lado cuando la vida duele. Me gustó compartir con ella encuentros y desencuentros y confirmar lo que ya sabía: que lo del ducado es como uno de esos apósitos incómodos que solo sirven para señalarte la herida.

Me sorprendió gratamente la buena sintonía que tiene con Narcis y la protección ejemplar que este ejerce sobre ella. Forman una pareja equilibrada, sana y que respeta sus espacios. No hay más que verles para convencerse de que él ha puesto la vida de ella del revés y eso, sin duda alguna, es lo mejor que le ha podido suceder. Que viva el amor... y la buena música.

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