A la manera de Ingres, 2011. Richard Learoyd
A la manera de Ingres, 2011. After Ingres. Fotografia única en paper Ilfochrome 121,9 × 188 cm. Pier 24 Photography, San Francisco © Richard Learoyd. Cortesía del artista y Fraenkel Gallery, San Francisco RICHARD LEAROYD

En un tiempo en que la velocidad es casi una imposición en casi todas las disciplinas artísticas y las fotografías pululan sin medida ni filtro de calidad -que de los otros sí van sobradas- en redes sociales como Instagram, es fácil que a un artista como Richard Learoyd (Nelson, Reino Unido, 1966) se le considere una rara avis del siglo XXI.

Él mismo ha luchado desde el inicio de su carrera por hacer prevalecer un estilo pausado y reflexivo a la hora de tomar una fotografía. "La gente puede mirar una imagen en un periódico o una revista y decir: 'esta persona está feliz, está triste...'. Para mí los retratos en fotografía, en pintura o en otras disciplinas lo que deben tratar es de extender ese tiempo que se tarda en entender a la persona a la que se mira. Cuando miren una de mis fotos, yo espero que les lleva más tiempo descifrar a esa persona", comentaba recientemente durante la presentación de la exposición que le dedica hasta el 8 de septiembre la Fundación Mapfre de Barcelona.

Learoyd, que estudió en la Glasgow School of Art y trabajó varios años como docente y fotógrafo comercial, no consiguió vender su primera imagen hasta que llegó a la cuarentena. Fue entonces cuando decidió romper con los procesos creativos actuales y trabajar con una de las técnicas precursoras de la fotografía: la cámara oscura. Su halo misterioso sedujo a este artista británico, que ni corto ni perezoso decidió crea su propia cámara gigante.

Este particular artefacto, con el que lleva aproximadamente dos décadas realizando fotografías, se compone de dos habitaciones: en una de ellas se ubica el sujeto u objeto a retratar con una potente fuente de luz y en la otra, coloca un gigantesco papel fotográfico. Entre ellas, un objetivo ubicado en un fuelle de acordeón. Las fotografías que realiza con este instrumento son básicamente tan grandes como la propia cámara y los largos tiempos de exposición dan como resultado una única copia. A pesar de su complejidad, esta tecnología le permite realizar obras que poseen una calidad insólita de luz y de color.

Además de con la técnica, Learoyd es clásico con sus propuestas. Sus temáticas favoritas -retrato, paisaje y bodegón- evocan a la pintura clásica y reconoce haber buscado inspiración en artistas del Renacimiento, elegantes retratistas del siglo XIX como Jean-Auguste-Dominique Ingres, la obra de los pintores prerrafaelitas ingleses o la fotógrafa victoriana Julia Margaret Cameron.

Sin embargo, también ha sabido darle una vuelta de tuerca a todas ellas: siempre busca modelos que bajo su apariencia de normalidad esconden grandes misterios, sus paisajes son siempre inquietantes y ha reinventado el concepto de naturaleza muerta dando especial énfasis al significado del término: vidas que han sido detenidas. Para Learoyd los bodegones no representan frutas, objetos de lujo o manjares dispuestos sobre una mesa. En los suyos dispone figuras tan estremecedoras como una cabeza de caballo seccionada, un cisne muerto suspendido en el aire por hilos en postura majestuosa o dos organismos cosidos como los que dan forma a su obra Corazón de pez.

Recientemente, el británico ha expandido su horizonte tecnológico y ha diseñado una cámara con ruedas que acopla al coche a modo de remolque y con la que puede hacer un número limitado de impresiones no únicas. Liberado de las ataduras a su estudio londinense, ha fotografiado lugares como el valle del Yosemite, la campiña inglesa y diversas ciudades de la Europa del Este, arrebatadamente hermosos y a la vez potencialmente destructivos. Entre las 51 imágenes que dan forma a esta muestra se incluye una realizada en Lanzarote, resultado de un encargo de Fundación Mapfre que se ha incorporado recientemente a su Colección en la que ya había otras dos obras del artista.