Proyecto Hombre València presenta su Memoria de 2018
El presidente delegado de la Fundación, Ignacio Grande (c), junto al director de Proyecto Hombre Valencia, Vicent Andrés Martínez (d) y el vicario de Acción Sociocaritativa, José María Taberner. 20MINUTOS.ES

Las plazas públicas en centros de día y en residencias para tratamientos de desintoxicación y deshabituación de drogas acumulan en la provincia de Valencia una lista de espera que oscila entre dos y cuatro meses. Una vez los pacientes reciben la primera asistencia en el sistema sanitario a través de las Unidades de Conductas Adictivas (UCA), la derivación se alarga por la saturación y la falta de recursos, que cada vez deben ser más especializados por la aparición de nuevas sustancias, lo que hace perder un tiempo precioso que en muchas ocasiones desmotiva al afectado y le puede llevar a abandonar el circuito asistencial.

Esta es una de las principales conclusiones expuestas este jueves durante la presentación de la Memoria de 2018 de Proyecto Hombre Valencia, una entidad impulsada por la Fundación Arzobispo Miguel Roca. Su director, Vicent Andrés Martínez, ha alertado de esta situación: "Todos los dispositivos, tanto públicos como propios, tienen lista de espera. En el caso de las plazas públicas, los centros de día de las entidades sociales acumulan dos meses de espera, y en el caso de las residencias es de tres o cuatro meses", ha explicado.

"Las listas de espera hacen que se pierdan muchos usuarios, porque se pierde el contacto o la motivación inicial tras haber dado el paso" de acudir a un centro. Por ello, pide no solo mayor dotación en el número de plazas, sino también diversificar los recursos "porque el programa de atención a las drogodependencias tiene ya 25 años".

Proyecto Hombre inició tratamiento el pasado año a 859 personas y 574 familias, sus plazas al 100% de ocupación, lo que supone que más de 250 personas acuden diariamente a sus programas. La atención a personas que piden ayuda se situó en 1.392 casos, con un aumento del 29% en las primeras atenciones a familias con hijos menores y jóvenes.

En cuanto a los perfiles, están muy diferenciados por edades, aunque en todos los casos están sobrerrepresentados los varones, ya que las mujeres y a las chicas tienen más dificultades para acceder a los recursos. En adultos, el mayoritario es un hombre de 39 años, y la primera sustancia (45,06%) sigue siendo la cocaína, seguida del alcohol (19,33) y la combinación de ambas (14,10%). A más distancia figuran la heroína (8,43%), el cannabis (6,54%) y la ludopatía (3,34%).

En el caso de los jóvenes, la franja de edad mayoritaria está entre 16 y 17 años, pero ya hay preadolescentes con 13 años. El 60,71% de los atendidos consume cannabis, una droga "sin percepción de riesgo, porque se sigue pensando que ofrece efectos terapéuticos y de recreo que adornan su uso", relata Andrés, que da la voz de alarma con la segunda sustancia más consumida entre este colectivo, el cannabis sintético.

Uno de cada cuatro atendidos en 2018 presentaba consumos abusivos de cannabis sintético (en lo que llevamos de 2019 ya son un 33%), una nueva droga alegal muy difícil de detectar, ya que no se encuentra incluida en el listado oficial de sustancias ilegales y se presenta en bolsas de hierba rociada con un líquido (la propia sustancia). Una vez fumada, sus efectos son muy similares a los de la heroína en cuanto a deterioro físico de la persona, que llega a presentar brotes psicóticos.

Andrés explica que su principal foco de distribución están siendo los entornos de los centros de menores y también internet, de ahí su potencial riesgo, mientras que en Europa se popularizó en prisiones, dado que no se detecta ni con tiras reactivas ni en los análisis de orina. Su potencial adictivo es alto y los recursos existentes "no están preparados" para hacerle frente a la hora de recibir tratamiento.

"En este momento las adicciones no preocupan a la ciudadanía ni a los poderes políticos, pero esta es una realidad que afecta a muchas familias y de forma muy grave", asegura el director de Proyecto Hombre.

Otro de los fenómenos destacados por los expertos es el abuso de las nuevas tecnologías (móviles, videojuegos) y de las apuestas deportivas, cuya publicidad "sigue sin control y nos ha inundado por todos los canales, lo que genera un riesgo de conductas adictivas en los jóvenes de forma alarmante", señala el director de Proyecto Hombre.

La Fundación, que depende de la Iglesia, manejó un presupuesto de 1,71 millones de euros el pasado año para sus planes de atención, que incluyen centros de día, de tratamiento ambulatorio, comunidad terapéutica, intrapenitenciaria y de prevención. El 82% de sus recursos proceden de fondos públicos, el 16% son recursos propios y el 2% privados. Cuenta con 51 empleados, 133 voluntarios y con 40 alumnos en prácticas que se forman sobre adicciones.

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