Sandra Andrés
La escritora publica su sexta novela. SANDRA ANDRÉS.

La música y la literatura no son rivales. Todo lo contrario, coexisten y se retroalimentan. Así lo demuestra la autora Sandra Andrés en su última novela, donde no solo hace uso de una delicada pluma, sino que le concede a la música el papel protagonista. Deja cantar a la muerte "es un buen ejemplo de canciones que surgen a partir de un libro y de libros que hablan de canciones", asegura la aragonesa.

Esta es su segunda novela dedicada a El fantasma de la ópera, ¿a qué se debe este empeño?
El fantasma de la ópera está conmigo desde que lo descubrí con doce años. Gastón Leroux [escritor de la obra clásica] decía en su prólogo que está basado en hechos reales, y cuando lo leí de pequeña quise saber qué había de realidad más allá del mito. Desde entonces empecé una aventura, un periplo por las calles de París, por la ópera, sus bibliotecas...

Gracias a esa pasión por la leyenda he llegado a conocer a los descendientes de Leroux, he estado en las catatumbas parisinas, en los subterráneos de la ópera Garnier y he visto lugares que el ojo turístico no puede disfrutar. Por eso comencé mi carrera literaria con El violín negro, también inspirado en esta leyenda. Tengo la sensación de que Deja cantar a la muerte no será la última historia que cree con este personaje como protagonista.

¿En qué se aleja de su otro libro El violín negro?
Son historias completamente diferentes, independientes y autoconclusivas. En El violín negro contaba la historia de un extraño violín que llegaba a las manos de una estudiante de París y, a través de una serie de pistas, tendría que devolvérselo a su legítimo dueño, que no era otro que el fastasma de la ópera. En Deja cantar a la muerte, tanto la editorial como yo, queríamos que fuera un homenaje al clásico original. Por eso hicimos una versión moderna de esa historia. Para mí fue un reto adaptar un clásico al tiempo actual y, sobre todo, conseguir que los jóvenes lectores, y no tan jóvenes, se acerquen a esta leyenda gracias a mi libro.

¿Cómo se moderniza un clásico?
Lo más destacable de la novela es que no solo los protagonistas tienen las ilusiones, preocupaciones y miedos que se corresponden con los de los jóvenes de hoy en día, sino la cantidad de referencias a canciones, películas, libros, cómics actuales como, por ejemplo, El gran showman o V de Vendetta. Además, a través de las redes sociales estoy recibiendo una cantidad inmensa de opiniones que inciden en cómo se han sentido identificados con el sentimiento de soledad e inseguridad que siente Christine [la protagonista de la novela], o la incomprensión y vacio que siente el fantasma.

El miedo parece apoderarse de todas sus publicaciones, ¿cuál es la razón?
Yo siempre he sido una amante del género de terror y, últimamente, lo estoy retomando. Deja cantar a la muerte no es un libro de terror, sino que el eje central es el amor. Pero sí que hablando de las catacumbas parisinas, de las desapariciones que tienen lugar allí y, tal vez, lo he salpicado con esos tintes góticos que tanto me apasionan.

¿Funciona un estilo tan poético un público tan joven?
Trato de salirme de las formas imperantes, tanto en la prosa como en la historia. Muchos lectores comienzan a cansarse de una prosa fácil y sencilla, y empiezan a arriesgarse a leer esta clase de libros, que lejos de ser complicados suman un plus a una historia bonita.

Las personas que dicen que los jóvenes no leen son las que han perdido la fe en la magia de la literatura. Porque ya no es la historia sino cómo la cuentas. Podríamos decir que los adultos no leen, pero no lo decimos porque hay muchos que sí lo hacen y queremos reforzar lo positivo. ¿Por qué no reforzar que los jóvenes leen si son los lectores del futuro? Los libros infantiles y juveniles son un alto porcentaje de los que se compran hoy en día, y tras la crisis editorial han salvado a muchos sellos.

Se refiere a la música como un deseo. Además de ser la temática del libro, ¿es su instrumento para acercarse a estos lectores?
Por supuesto, es uno de los conectores que utilizo para llegar al público joven. Por eso hay tantas referencias hacia la música, que es un personaje más del libro; es el puente que une personas, corazones, que salva miedos y barreras.

¿Se ha comido la música a la literatura?
No, de hecho creo que coexisten bastante bien y en esta novela he querido dar ejemplo de ello. Deja cantar a la muerte tiene una canción oficial que se puede escuchar en YouTube. Se llama La última noche y las letras aparecen en el libro como parte de una canción. Es un buen ejemplo de canciones que surgen a partir de un libro y de libros que hablan de canciones. De hecho, en Spotify he subido una playlist en la que se pueden escuchar cada uno de los temas musicales que me ha acompañado e inspirado a la hora de crear esta novela.

¿Qué hueco ocupará el género de literatura joven en la Feria del libro de este año?
La literatura joven e infantil siempre arrasa en la feria. Siempre que he ido a firmar libros he tenido filas de niños deseosos de hablar conmigo y con mis compañeros. La literatura juvenil e infantil cada vez tienen más seguidores. Lo maravilloso de este género es que también lo pueden consumir los adultos, no tiene edad.

¿Por qué Deja cantar a la muerte es una buena lectura para esta primavera?
Porque está escrita desde el corazón, el alma de una persona que ama la literatura y la música, que ha intentado que sus personajes no solo transmitan parte de su corazón sino que lleguen al corazón de muchas personas: jóvenes y adultos. Es una novela para quienes les guste el amor, el enigma, el misterio, la música y esa premisa de la belleza más allá del aspecto físico.

La autora

Nació en Zaragoza, en 1982. Su pasión por la leyenda del Fantasma de la Ópera le llevó a escribir un ensayo sobre la obra de Gastón Leroux, el musical de Andrew Lloyd Webber en el año 2000, su primera novela El violín negro y su sexta– y última– Deja cantar a la muerte.