Carlinhos Brown
El músico brasileño, Carlinhos Brown. Archivo

Carlinhos Brown narra cualquier episodio con la misma pasión, desde las letras de sus canciones a sus reclamas sociales y también cuando alerta de que tanto Brasil como el resto de América Latina necesitan “un movimiento urgente de educación básica”.

En una entrevista con motivo de la inauguración de una muestra de su faceta artística menos conocida, la pintura, Brown analiza el momento por el que atraviesa su país pero también la humanidad e insiste en que la educación es la herramienta que puede “cambiar el mundo”.

“La persona educada es menos violenta, sabe distinguir lo que come, tiene conocimiento”, adelanta.

Brown, nacido en Candeal, un barrio muy humilde de Salvador de Bahía (Bahía, Brasil), asegura que no ayuda “en nada” decir que en su país una persona solo puede nacer "traficante” y pide “apoyos” para que las personas en riesgo de exclusión puedan salir de esa situación.

“La gente necesita escuelas desde el inicio” de su vida, ya que, a su juicio, “la educación está relacionada con una falta de entendimiento, con el hambre, la violencia doméstica o los feminicidios”.

Dentro de la educación, el brasileño ve “fundamental” las nociones musicales: “la educación ha ayudado mucho, sobre todo a las personas más desfavorecidas en América Latina”.

Y es que, aunque lleve años siendo voz de personas en riesgo de exclusión, nunca se olvida del arte, más aún sabiendo que es una herramienta para mejorar la vida de las personas.

“Yo soy un artista y el artista tiene que buscar las habilidades de expresarse, no basta con la música si no tienes curiosidad", explica sobre sus inicios en la pintura, rodeado de una pequeña muestra de los 1.000 cuadros que ya ha pintado y que desde hoy se pueden ver en la Fundación Telefónica en Madrid.

Hijo de un pintor de pared, cuenta que de niño le gustaba jugar con las pinturas de su padre pero que éste siempre quiso otro futuro para él.

"Un día me llevó a ver a un maestro de música y le dijo que yo quería ser artista, un padre conoce mejor a su hijo y yo espero que estas pinturas le gusten", dice.

Pero Carlinhos tardaría mucho más tiempo en empuñar un pincel de lo que tardó en sacar música de un tambor. En un viaje a España hace quince años, ya como músico reconocido, visitó una exposición del Museo Reina Sofía sobre Pablo Picasso y Joan Miró.

"Fui tomado por una fuerza, pasé por una estatua y algo pasó, fue un momento, nunca había sentido algo así en mi vida, ni siquiera con la música, comencé a soñar con pinturas, con lienzos y en mi cumpleaños comencé a pintar, estuve 24 horas seguidas, sudando, y mis hijos empezaron a decir que teníamos un pintor en casa", narra.

"Mi vida cambió" con la pintura, asegura, antes de reconocer que no puede decir que "hubiera un niño angustiado" en su interior, pero sí "uno más alegre que se quería expresar".

"La pintura ayudó bastante, todo lo que no jugué antes en mi infancia, lo estoy jugando ahora con la pintura", reflexiona.

"Todos somos migrantes"

Brown, Embajador Iberoamericano de la Cultura desde 2018, se siente, siempre, un migrante: "todos somos migrantes, desde la Biblia, desde aquel hombre que abre el mar huyendo del faraón".

"Esa idea de que el inmigrante es un enemigo es una idea equivocada, porque todos nosotros vinimos de algún lugar, el brazo de la inmigración es el brazo del progreso", apunta.

Consciente del mestizaje y la historia de viajes de ida y vuelta que hicieron de Brasil lo que es hoy, afirma que su país "no existiría sin la migración negra" que, según critica, fue "impositiva".

"Los negros fueron a Brasil obligados, pero fueron y ayudaron a construir ese país, fue la mano de obra esclava lo que hizo de Brasil lo que es", zanja.