Fernando Benzo
El escritor y exsecretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo, posa en una calle de Madrid. JORGE PARÍS

Al pensar en historias de gánsteres, de forma directa, vienen a la memoria callejuelas nocturnas de Chicago, nombres como el de Al Capone, Bugsy Siegel o Frank Costello. Cuando se piensa en ese tipo de historias, por lo general, la cabeza no las ubica en España y, sin embargo, no sería un error hacerlo. Tras la Guerra Civil, cuando la pobreza dominaba la vida cotidiana, una especie particular de gánsteres se encargaba de manejar los hilos del mercado ilegal en Madrid: los estraperlistas.

Las cenizas de la inocencia (Plaza & Janés) es el nuevo libro de Fernando Benzo (Madrid, 1965), escritor y exsecretario de Estado de Cultura, en el que la realidad de esos gánsteres a la española cobra vida. La novela, que transcurre durante los años cuarenta en Madrid, tiene como principal escenario el club Dixie, un lugar discreto en el que los contrabandistas cierran tratos, toman cócteles y escuchan a las mejores bandas de jazz.

En ese mismo club, trabaja el joven Emilio, un adolescente que comienza a introducirse en el mundo del comercio ilegal a medida que va entablando relación con otro joven, Emilio, un contrabandista.

"El libro es el fruto de una serie de asignaturas pendientes que tenía como escritor. En primer lugar, rendirle homenaje a la ciudad de Madrid. Me interesaba contar una historia en la que la capital no fuera solamente una ciudad, sino un personaje más. En segundo lugar, tenía pendiente escribir sobre cómo se vivía aquí en los años cuarenta, no desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista social", explica el escritor madrileño.

Además de esas dos asignaturas pendientes, Benzo quería añadir un tercer elemento a su novela: trasladar a España determinados arquetipos que, tradicionalmente, se asocian a las mafias estadounidenses de principios del siglo pasado.

La suma de todas esas piezas fue sedimentando en su cabeza durante doce años hasta que nació esta novela. Una historia que Benzo califica como de aventuras: "Cuando uno escribe sobre la época de la posguerra, parece que es obligatorio entrar en una análisis político y a mí eso no me interesaba. Ya sabemos lo que había: un régimen que tenía a los españoles sometidos a una tremenda represión. Yo no quería contar eso. Quería narrar las aventuras de dos chicos que se hacen amigos en ese escenario tan difícil y que van penetrando en el mundo del mercado ilegal".

Las cenizas de la inocencia está escrita a ritmo de jazz. "Un libro no tiene sonido pero yo, cuando escribía, tenía metido en la cabeza el sonido de piezas de jazz", dice. Duke Ellington, Benny Goodman o Count Basie son algunos de los artistas que poblaron la habitación de Fernando Benzo durante sus horas de trabajo. Esta novela fue concebida cuando el sol empezaba a calentar en Madrid. Cuando escribe, Benzo suele hacerlo entre las seis y las ocho de la mañana.

Además de sonora, Las cenizas de la inocencia es una novela muy visual. A la pregunta de qué director le gustaría que dirigiese la película de su libro, Benzo responde que el problema es que Sergio Leone ya hizo Érase una vez en América y se ríe. "Es verdad que tiene muchas influencias cinematográficas. Cuando escribo, por lo general, no me gusta eso [que se asocie su escritura al cine], porque pienso que son lenguajes diferentes. Pero, en este caso, no lo rechazaré", dice el autor.

F. Scott Fitzgerald está presente de una forma u otra en las páginas del libro. En los diálogos, en las fiestas del Dixie o en el personaje de Jorge Lanza, un señorito madrileño que, según Benzo, tiene mucho de Gatsby. “Creo que la literatura de Scott Fitzgerald y sus personajes han estado presentes en todo lo que  he escrito a lo largo de mi vida. Es inevitable: pienso que uno tiene una serie de referencias de las que no se libra nunca y una que yo tengo siempre es Scott Fitzgerald. Leí El gran Gatsby muy jovencito, me impresionó y siempre he seguido su literatura y su vida”.

En el ejercicio de retroceder siete décadas, lo más complicado no fue encontrar el contexto adecuado, sino documentarse sobre los detalles. "Pasé dos meses atascado investigando qué se fumaba en aquella época", cuenta divertido. Para Benzo, los testimonios autobiográficas con los que se topó en internet son fundamentales. “Me encontré con muchos relatos de personas anónimas, sobre todo personas mayores, que contaban cómo había sido su vida. Más que los grandes ensayos o las obras de los grandes autores, me resultaron muy útiles esos escritos. Están en la red y es muy apasionante leerlos”.

El Madrid de aquella época era muy diferente al de ahora, pero Benzo cree que en el núcleo de la ciudad permanece una característica inmutable: el instinto de supervivencia. “Es un instinto que siempre se ha percibido en ella: desde la invasión napoleónica, hasta la Guerra Civil o hasta cuando explotaron los trenes y murieron tantos conciudadanos nuestros”, explica.

La doble personalidad del escritor-político

Si se le pregunta que en qué cree que influye su labor en la administración pública a su oficio de escritor, Benzo responde con un "En nada" muy rotundo.“Yo creo que tengo doble personalidad [risas]. Cuando estoy trabajando en la administración pública, estoy trabajando en la administración pública, pero cuando estoy escribiendo, me convierto en escritor”, confiesa.

Dice que mantiene una divisón deliberada entre esos dos espacios de su vida, que siempre la ha respetado y que cree que son mundos que no deben intercomunciarse.“El espacio de la escritura es el espacio donde soy yo. Es decir, si a mí me dijeran: '¿Cuál crees que eres dentro de esa doble personalidad?' Yo, sin duda, respondería que soy el que está en su habitación escribiendo novelas".