Alex Skeel
Alex Skeel, víctima de malos tratos de su pareja. BBC

Alex Skeel, de 22 años, se convirtió en la primera víctima de violencia doméstica en el Reino Unido cuya expareja —Jordan, madre de sus hijos— ha sido la primera condenada por abuso contra un hombre.

Skeel ha contado su historia en la BBC, propia de una víctima de maltrato: "Llevábamos tres años juntos y todo había comenzado con cosas pequeñas como que no usara el color gris o que no le gustaba mi peinado, pero para aquel entonces ya eran nueve los meses que venía sufriendo abuso físico continuado".

El joven recuerda cómo fue la primera vez que su novia vertió agua hirviendo sobre él. "Le tenía mucho miedo. Todavía puedo ver esa primera gota de agua cayendo sobre mi piel. Todo sucedió a cámara lenta. Me escoció la piel. El dolor no se parecía a nada que hubiera experimentado antes", cuenta.

Además, su expareja le aisló de sus amigos y familiares, "me había prohibido verlos e incluso usurpado mi cuenta de Facebook, una táctica clásica de abuso doméstico". Tampoco le dejaba comer, con lo que Skeel perdió mucho peso.

Según su relato, el joven trató de "luchar contra su comportamiento, pero ella encontraba la manera de tergiversar las cosas y culparme a mí. Sabía que no tenía la culpa de nada, pero al final acaba convenciéndome y terminaba pensando: '¿qué estoy haciendo mal?".

A pesar de vivir esa situación de maltrato, Skeel recuerda que "la amaba, al fin y al cabo", e incluso tuvieron dos hijos. "Esperaba que eso cambiara las cosas. No fue así, y empecé a temer que, si la abandonaba, ella les haría daño. Así que nunca me fui", lamenta, y añade que él "tenía muchas ganas de hacer funcionar la relación".

Tras los abusos mentales llegaron los físicos. Ella dormía con una botella de cristal, "esperaba a que me quedara dormido y entonces me golpeaba con la botella en la cabeza y me decía: '¿en qué estás pensando?". Según Skeel, a medida que se acostumbraba al dolor, "ella subía de nivel", y las agresiones fueron con todo tipo de objetos, desde martillos a cuchillos.

Después llegó el agua hirviendo: "Tenía pánico a lo que Jordan podía hacer, pero creía que si decía algo, acabaría matándome", confiesa.

Durante todos esos años, Alex Skeel trató de ocultar como pudo sus heridas, y su expareja incluso le maquillaba la cara para taparle los cardenales que le dejaba alrededor de los ojos. "Sentía cómo mi cuerpo se apagaba. Llegué a perder más de 30 kilos", agrega.

Su pesadilla concluyó en 2018, cuando un agente de policía pasó por su vivienda para hacer un seguimiento de una visita anterior y descubrió toda la verdad. "Mis heridas eran tan graves en ese momento, y estaba tan demacrado después de haber perdido tanto peso... Hasta entonces lo había negado todo, pero no podía aguantarlo más", indica.

Su expareja fue interrogada y posteriormente detenida, y en el juicio se declaró culpable de los hechos "para obtener una sentencia más leve", apunta Skeel. A pesar de ello, la mujer "nunca se arrepintió de lo que me había hecho. Le preocupaba más que la arrestaran que el daño que me había hecho".

Finalmente, Jordan fue sentenciada a siete años y medio de cárcel en abril de 2018. "Tan pronto como supe que ella estaba en la furgoneta de camino a prisión, por primera vez en cinco años, pude levantar la cabeza y no tener ni una sola preocupación en mi mente", concluye.