Quienes defienden que el río Guadalmedina puede ser embovedado se van a encontrar de frente con las leyes europeas. Desde el año 2000, el Gobierno central y el propio Ayuntamiento de Málaga han venido apoyando la idea de que el cauce que cruza la ciudad debe cubrirse para destinar ese espacio a parques, equipamientos culturales, viales para tráfico e incluso una línea de metro (también con el propósito de eliminar el riesgo de inundaciones), según se recoge en el folleto sobre el proyecto de la web www.malaga2016.es y en el segundo Plan Estratégico de Málaga (Fundación Ciedes).

Sin embargo, la Directiva Marco de Aguas (DMA) de la Unión Europea insta a los estados miembros a «regenerar todas las masas de agua superficial», incluso las «muy modificadas» (como el tramo urbano del río) para «lograr un buen potencial ecológico».

Esperando a los técnicos

En noviembre de 2007, Ayuntamiento y Junta (que tiene las competencias en materia de ríos) acordaron pedir a los expertos de un organismo del Ministerio de Fomento, llamado Cedex, un dictamen sobre la viabilidad técnica de cubrir los 300.000 m2 del Guadalmedina y cómo se podrían derivar las aguas, el fango y los materiales (piedras, ramas) mediante conducciones hasta el mar u otros puntos.
Ninguna de las dos administraciones quiso hacer comentarios cuando este periódico les planteó que sea cual sea la solución técnica aportada por Cedex, las normas de la UE son contrarias a cubrir el río. «Vamos a esperar a ver qué dice Cedex», se obstinaron.

La propia Comisión Europea indicó a 20 minutos que en principio embovedar el río está en contra de la DMA, aunque existen ciertas excepciones. Para acogerse a ellas, tendría que justificarse que tapar el cauce conlleva beneficios «para la salud humana y el mantenimiento de la seguridad» que compensen deteriorar o no regenerar el río.

Pero estos supuestos no se dan en Málaga: resolver los problemas de tráfico y movilidad, una línea de metro o mejorar la imagen de la ciudad no salvaguardan la salud y seguridad de la población.

Mañana. Las tres alternativas

Sin El Limonero, más seguridad

Una de las principales actuaciones del Plan Guadalmedina es reducir la peligrosidad de la presa de El Limonero, ubicada a unos 700 metros de la ciudad y cuya rotura causaría una catástrofe. Para ello, dos tuberías evacuarían el agua de las lluvias extraordinarias al mar, facilitando que se embovede el cauce urbano. Pero el colectivo Red para una Nueva Cultura del Agua recuerda que el riesgo de riadas se elimina reforestando la cuenca y dejando que el agua no se acumule en El Limonero, no tapando el cauce. La Comisión Europea recalca que cambiar un río sólo es posible «si las mejores opciones ambientales son desproporcionadamente caras».