No los pueden matricular en el colegio de sus hijos, tardan hasta cinco meses en pagarles la manutención y los puntos de encuentro con sus familias biológicas brillan por su ausencia. Todo son problemas para las 3.053 familias de la Comunitat que se encargan de otros tantos menores temporalmente, en lugar de tener que estar en un centro de acogida.

A. G., que tiene a una niña de cuatro años a su cargo, se queja de cómo fue la última visita: «Me encontré de cara con sus padres, y eso que nos dicen que no debemos conocerlos». Además, estos encuentros se hacen en la dirección territorial de Bienestar Social, ya que el único centro, el de Monteolivete, se cerró. «Además, tardan meses en pasarnos los 9,10 euros que asignan a los menores al día, y hay muchos problemas para matricularlos en los colegios», relata.

Este caso es, según el presidente de la Asociación Valenciana de Acogimiento Familiar (AVAF), José Ballester, sólo un botón de muestra. «Empezamos a tener constancia de candidatos que abandonan en pleno proceso de formación», cansados de tanta desidia. Además, el seguimiento de los casos lo hacen empresas privadas, que cambian constantemente de personal «por falta de financiación, y cada vez les dedican menos horas», apunta Ballester.

Otro problema es el desembolso que estos voluntarios hacen en medicamentos, al incluir al menor en su cartilla. «Muchos tienen necesidades especiales y sus tratamientos son muy caros. La Conselleria de Bienestar Social no respondió ayer a este periódico las cuestiones planteadas por las familias.

Javier Garcerá - 43 años, acoge a un niño

«Hacemos un servicio a la sociedad»

«No entiendo cómo se pagan cosas como la Ciudad de las artes y para estos menores no se dé una garantía de cobro. Tengo ya seis años a un niño autista, y cobro más por la discapacidad, pero me exige 24 horas de atención. Hacemos un servicio a la sociedad, son hijos de todos».