Colegio
La mezcla de clases es algo que suele causar preocupación en muchas familias. GTRES

Mezclar clases es una práctica pedagógica en aumento en los centros de enseñanza que tienen al menos dos líneas, sobre todo en las etapas de Infantil y Primaria.  Algo que a veces pilla a los padres con el pie cambiado, recelosos de que sus hijos pierdan las relaciones que han ido construyendo a golpes de patio y pupitre. 

Eli Galán tiene dos hijos, un niño que acude a cuarto de Primaria y una niña que está en el último año de Infantil. Ambos afrontarán el próximo curso estas mezclas de clases. "El mayor ya tiene la experiencia de Infantil a Primaria. Lo vivió con temor a que le quitasen a su amigo, alivio luego cuando vio que podía continuar con él. Las familias en general lo vivimos, sobre todo la primera vez, con inquietud, preocupación, desconcierto, rabia... Se nos informó tarde y mal. Y sin posibilidad de diálogo. Aunque en este aspecto es verdad que el cole ha mejorado con el paso de los cursos, y eso ayuda a la aceptación de las familias".

Esta madre, que además es miembro de la AMPA, refleja el sentir de muchos padres cuando se encuentran ante estas mezclas: "de todos los aspectos positivos que dicen tener las mezclas; hacen más amigos, aprenden a adaptarse a los cambios, cambios de roles... a mí el que realmente me parece que tiene mucho peso y por el único que le veo justificación, es cuando las clases, por las circunstancias que sean, han quedado muy descompensadas en cuanto a las necesidades del alumnado. No se trata de tener muchos amigos, sino de tener buenos amigos, de quererse mucho y respetarse. Educarles a tener relaciones sanas".

Jesús Jarque es pedagogo, orientador en el CEIP Ramón y Cajal de Puertollano, conocido por ser autor de numerosos libros relacionados con la educación y por su labor divulgativa desde redes sociales y la web Familiaycole.com.  En su colegio llevan cuatro años mezclando clases en el paso a primero y quinto de Primaria y da fe de que hay una oposición inicial generalizada de muchos padres ante estas mezclas: "Vemos que hay unas expectativas negativas, que las familias se niegan de entrada. Hicimos una encuesta de satisfacción general y apareció que mayoritariamente los padres no querían que se hiciera el cambio, pero después ningún padre ha venido a protestar".

¿Qué beneficios puede tener?

Un objetivo clave es equilibrar las clases. Alfredo Fernández es director del colegio público Miguel Hernández de Getafe, en el que llevan cuatro años llevando a cabo las mezclas de clase de forma sistemática al pasar de Infantil a Primaria, "porque pensamos que es un buen momento para los cambios y porque es dónde más descompensación hay en las clases porque, por muy bien que trates de hacer los grupos, te apoyas solo en la información que te dan las familias, no hay información interna". También en el paso a quinto de Primaria, en torno a los diez años.

Defiende que " favorecer los agrupamientos más sanos repercute en un mejor rendimiento académico" y también "beneficia a nivel individual en determinados casos al permitirte ser otro si tenías un cartelito ya colgado". El director de este colegio madrileño del que los niños salen con doce años, añade a las posibles ventajas que "facilita el paso al instituto, que es un cambio muy importante. Al ampliar su círculo de relaciones, hay más posibilidades de encontrar amigos en el instituto".

"Antes lo hacíamos cuando se detectaba algún grupo descompensado, cuando había alguna demanda de los tutores, y dependías de que los tutores fueran sensibles y lo demandaran. Además, al ser puntual causaba muchos problemas porque los niños se sentían señalados".

Fernández explica que están evaluando la medida desde el punto de vista de profesores, niños y familias. "La valoración de los profes es bastante positiva; significa una mejora académica, en actitudes y en dinámicas.  Con los niños, si les preguntas en el momento de la mezcla, la opinión es negativa; pero si haces la consulta después de un año es muy positiva.  Sus conclusiones son muy bonitas, nos llegan a decir: "antes eramos dos grupos y ahora somos uno solo". Y con familias no tenemos conclusiones todavía, estamos haciendo esa evaluación, pero pinta a que también será positiva".

Jarque cuenta que es habitual que los padres pregunten si hay estudios científicos que avalen este proceder, pero que no existen. "Tras la mayoría de los cambios metodológicos, no hay estudios científicos. Las modas pedagógicas no tienen evidencia detrás, procedemos mucho con el método de ensayo y error". Recuerda además que llegó a esta práctica "como una medida preventiva que se proponía contra el acoso escolar" y que " a nosotros nos está produciendo más beneficios".

Este orientador destaca que "aprenden a establecer nuevas relaciones" sin perder a sus amigos, a los que siguen viendo en el patio, en excursiones o por las tardes; que "se rompen roles negativos, los chicos tienen la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva" y que se eliminan rivalidades entre clases: "en nuestro centro aparecían; muchas veces más por los padres y tonterías como cuál fue el mejor regalo de fin de curso para la profesora, que por los niños en el patio, jugando al fútbol".

Paloma Méndez de Miguel es neuropsicóloga infantil del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y Hospital Quironsalud San José. Explica que, a día de hoy, "la mayoría de los centros tienden a hacerlo" y destaca que "el principal beneficio es que el niño amplía su círculo social", dado que "hay niños que tienden a tener un grupo demasiado cerrado" y estos cambios pueden contribuir a que "la sensación sea que todos son su clase".

También "se pueden romper dinámicas inadecuadas", añade Méndez de Miguel. "Me parece más beneficioso a priori que se mezclen las clases a que se mantenga un grupo toda la vida", opina la neuropsicóloga, "poder flexibilizar y cambiar es positivo. El colegio, igual que la familia, es una preparación a la vida social adulta, es un referente que ayuda a madurar".

Los principales riesgos

"El máximo peligro es equivocarte en lo individual, que un niño se sienta solo. En caso de meter la pata es lo más grave, porque el bienestar de los chicos es lo primero. No suele pasar, pero podemos fallar", reconoce Alfredo Fernández.   

Jarque coincide en el que mayor temor sería que un niño "pierda alguien que fuera un apoyo importante". Y añade que también podría darse que "se junten  niños que resulten en una mezcla explosiva".

Otro peligro es acabar enfrentándose a gran parte de las familias. El director del CEIP Miguel Hernández reconoce haber detectado que "fallamos en la comunicación con las familias. Faltaba información para que entendieran porqué lo hacíamos. A veces dejamos demasiadas cosas en manos de los tutores". Por eso ahora están trabajando en un "protocolo mínimo" para facilitar el trabajo de los tutores y lograr que las familias lo entiendan y ayuden desde casa, "transmitiendo un mensaje positivo". 

Mezclar clases no debería ser un vehículo para tener clases de primera y de segunda, sino justamente para evitarlo. "Hay colegios que nivelan por capacidad o por nota pero yo creo que el modelo que mejor viene a nivel social o psicológico es el de un grupo heterogéneo, porque la sociedad es plural y es bueno que el niño se maneje con gente diversa", señala la neuropsicóloga Méndez de Miguel. " La separación por rendimiento me parece una aberración. La idea es lo contrario", coincide Fernández.

"Un temor que tienen los padres es que los tutores hagan las clases a su medida. Pero la mezcla tiene que hacerse según criterios pedagógicos y eso no lo sería", cuenta Jesús Jarque, que añade que en su colegio se subsana al hacer el reparto tutores que no van a tener esos grupos al año siguiente.

Cómo llevarlo a cabo

Que la mezcla de clases sea conveniente no quiere decir que sea fácil de ejecutar, ya que requiere de un estudio pormenorizado de todos los alumnos y siempre es posible incurrir en errores.  Paloma Méndez de Miguel destaca la necesidad "de estudiar cada caso, de elaborar sociogramas y conocer bien la estructura del grupo". 

La neuropsicóloga recalca además como recomendable que se lleven a cabo tantas actividades conjuntas entre clases como sea posible. También apunta a lo importante que es "informar a los padres y 'positivizar' el cambio, porque los padres a veces transmiten angustia a los niños, que les oyen que no les va a tocar con el amigo que quieren".

Alfredo Fernández reconoce que tiene que ser "un proceso bastante cuidado. El año en el que se va a producir el cambio se empieza a trabajar con ellos favoreciendo agrupamientos, para que interaccionen con los compañeros con los que van a convivir. También se hacen dinámicas en el aula y asambleas porque es importante su opinión, que no se separen de todos sus amigos íntimos. Cuando inician el nuevo curso también se organizan dinámicas de aula de cara sobre todo al conocimiento y cohesión del nuevo grupo. Cuidar todo eso asegura cierto éxito. Siendo línea dos es más fácil todo, esto también. En los colegios más grandes puede ser más difícil".

El director de este colegio madrileño explica que, "además de sociogramas y observaciones en el aula, también se implica al equipo de apoyo con los alumnos de integración, se cuenta con la orientadora y todo está coordinado por jefatura de estudios". Son tantas variables a tener en cuenta que "el criterio numérico, que se mezclen exactamente las clases mitad y mitad, no es vital".

¿Qué criterios pedagógicos imperan? Jesús Jarque explica que muchos son coincidentes a cuando se organizan las clases el primer año de Infantil. Se prima una integración equilibrada de niños con necesidades especiales y con necesidades específicas de apoyo educativo, de alumnos repetidores, con desconocimiento del idioma y de niños y niñas. También se respetan aquellas relaciones adecuadas para el aprendizaje y la convivencia, especialmente importante con alumnos con necesidades especiales, y se procura separar precisamente aquellas relaciones que son perjudiciales.