El Obispo José Ignacio Munilla
El Obispo José Ignacio Munilla DIÓCESIS DE SAN SEBASTIÁN - Archivo

Munilla se ha referido en estos términos en la Eucaristía celebrada con motivo de la Solemnidad de la Virgen de Arantzazu este domingo en el Santuario de Arantzazu en Oñati (Gipuzkoa).

El prelado donostiarra ha recordado que se cumplen cien años de la proclamación de la Virgen de Arantzazu como patrona de Gipuzkoa. "Oficialmente, el primer paso lo dio el Ayuntamiento oñatiarra el 20 de abril de 1912, al solicitar a la Diputación el inicio de las gestiones para obtener de Roma la declaración de la Virgen de Oñate como patrona de Gipuzkoa", ha recordado.

Según ha apuntado, esta solicitud "fue suscrita por todos los miembros del Ayuntamiento de Oñati, y consiguió el apoyo de 84 de los 90 consistorios del resto de Gipuzkoa" y así "en 1918 el Papa Benedicto XV dio el visto bueno a la petición". "Tras ratificarse la declaración de la Virgen de Arantzazu como patrona, en el pleno del Ayuntamiento de Oñati en marzo de ese mismo año, se tomó la decisión de que la fiesta se celebrase anualmente el 9 de septiembre", ha explicado.

En este sentido, ha destacado que este domingo "no solo conmemoramos el centenario de la declaración de la Virgen de Arantzazu como nuestra patrona, sino que también se cumplen 100 años de la celebración ininterrumpida de la festividad de la Virgen de Arantzazu en el 9 de septiembre; al día siguiente de la fiesta de la Natividad de María, el 8 de septiembre, en la que un gran número de poblaciones guipuzcoanas festejan a la Virgen en sus advocaciones locales".

Munilla ha reflexionado sobre el hecho de que el "concepto de patrono está relacionado, en última instancia, con la paternidad divina, de la cual el patrono no es sino un reflejo". "Dios es nuestro padre, que cuida amorosamente de cada uno de nosotros, además de que acompaña y conduce los destinos de nuestro pueblo", ha indicado.

Por ello, ha sostenido que tener una patrona supone "reconocer que no deambulamos como ovejas sin pastor", sino que se cuenta con su "protección". "De la misma manera que en la familia es indispensable la autoridad moral de los padres, así en para la fe necesitamos también a la Madre que Jesús nos dio", ha opinado.

Al respecto ha sostenido que "nuestra invocación al patrocinio de la Virgen de Arantzazu, lejos de restarnos libertad o autonomía, pone las bases a nuestro equilibrio personal, familiar y social". "La referencia de una madre común está llamada a traducirse en la construcción de más puentes y menos muros entre nosotros", ha incidido.

Asimismo, ha subrayado el "cometido tan especial que Dios le ha encomendado a la Virgen María, como abogada, intercesora y protectora de cada uno de nosotros, en particular, y de nuestro pueblo en su conjunto". Munilla también se ha referido al nuevo curso pastoral, con "la proximidad de la celebración del próximo Sínodo, bajo el lema 'Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional' que se desarrollará en Roma del 3 al 28 de octubre".

"La Iglesia está pasando por una fuerte prueba de purificación interna, y cuantos formamos esta gran familia, tenemos la plena confianza en que saldremos renovados y autentificados", ha aseverado.

Finalmente, ha señalado que "una parte importante de la sanación de la Iglesia radica en centrarse en un reto fundamental, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones". "Creemos firmemente que el Evangelio de Cristo es el mayor tesoro que los jóvenes de nuestro tiempo pueden recibir", ha subrayado.

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