Dos detenidos en A Coruña y Vigo por apoyar al Grapo
La Guardia Civil, en su operación de ayer en Vigo (S. Sas/EFE).
La Guardia Civil detuvo ayer en A Coruña y Vigo a dos personas por prestar apoyo a los Grapo en el marco de la operación Ditalco, que supuso otros tres arrestos en Madrid, Vizcaya y Vitoria. Los dos gallegos tienen, de una u otra forma, una vinculación histórica con la banda terrorista. El coruñés Carlos Cela Seoane, de 34 años, tiene dos hermanos en la cárcel por pertenecer al Grapo, y el Instituto Armado considera a la madre una importante ideóloga del grupo. El vigués José Luis Fernández González ya cumplió condena tres años por su relación con la banda.

Poco antes de las siete de la mañana de ayer, sendos grupos de la Guardia Civil se presentaron en los domicilios de Cela y Fernández para detenerlos y registrar las viviendas. En A Coruña, el joven salió del número 14 de la avenida de As Conchiñas esposado, sonriente y ante decenas de vecinos que siguieron las idas y venidas de la veintena de agentes que se llevaron cajas y ordenadores.

También del domicilio de Fernández, en Sárdoma (Vigo), los guardias se incautaron de documentación. El detenido salió en un monovolumen y saludó  a los  amigos que esperaban para darle ánimos. Su mujer ha explicado que la labor que desempeñaban ella y su marido en los últimos años consistía en ir a visitar a presos de la banda dispersos por España, y ha afirmado que esa dedicación «no la va a cambiar nadie». Los dos detenidos  fueron trasladados a Madrid para prestar declaración en la Audiencia Nacional. Se les acusa de financiar el grupo y de labores de propaganda. Se cree que pretendían formar un operativo.

Hijo de guardia civil

Los dos detenidos y sus familiares más allegados pertenecen a la asociación de apoyo a los presos del Grapo Socorro Rojo Internacional, ilegalizada por la Audiencia Nacional. Carlos Cela es su responsable. Hijo y nieto de guardias civiles, es el dueño del bar Faluya (Orzán, 75). Su madre, Josefa Seoane, calificó de «abuso de poder» su arresto y dijo que los agentes actuaron «como los hombres de Harrison, a patadas». Por su parte, José Luis Fernández recibió un tiro en la espalda que lo dejó paralítico en un enfrentamiento con la Guardia Civil en el 80. Cumplió tres años de prisión.