Únicamente cinco seminaristas se preparan para ser sacerdotes. ¿Quién guiará a los corderos? La Iglesia en Vizcaya se está quedando sin curas. De 1997 a 2007, el Obispado ha perdido al 28% de sus sacerdotes, hasta quedar en los 352 actuales. O sea, en 10 años, su número ha descendido en 131.

La vocación para el sacerdocio cae. Actualmente, sólo cinco personas están formándose para ser curas en el seminario de Vizcaya. De ninguna manera éstos podrán garantizar el relevo generacional del clero. Dentro de los 352 sacerdotes en activo en Vizcaya, hay un hombre ordenado en 1934.

Incluso entre los cristianos convencidos, la perspectiva de ser párroco no es atractiva. Los rigores del celibato combinan mal con la sociedad actual. La Iglesia está preocupada. El Obispado de Bilbao ni se plantea importar curas. «Apostamos por crear una cultura vocacional. Todo cristiano está llamado a ser sacerdote», apunta Aitor Uribelarrea, delegado de pastoral vocacional.

Así, la Iglesia está inmersa en campañas en busca de futuros curas. El lema: «Nuestras comunidades te necesitan». Una vez al mes hay una misa en la Catedral de Santiago por los nuevos curas.

Siete años de preparación

«Dios llama cuando quiere, que para eso es Dios», apunta Aitor Uribelarrea. En efecto, los cinco seminaristas de Bilbao tienen 21, 29, 30, 37 y 43 años. La formación para ser sacerdote dura siete años, aunque puede oscilar según cada persona. Los seminaristas estudian Teología en la Universidad de Deusto y culminan su formación con una convivencia en una comunidad de curas.

El día a día de un seminarista en bilbao

Jovaisa Herrán. Nacido en Algorta. 21 años.

«me fijo en chicas, pero soy más feliz de cura»

«Claro que a veces es duro. A veces me fijo en una chica, y se hace difícil saber que nunca vas a tener el cariño de una esposa. Pero me hace más feliz ser cura. No me casaré, no tendré hijos para darme a los demás. Dios me ha llamado, me pide una entrega total, y yo estoy dispuesto a darla. Mi mejor momento del día es la misa antes del desayuno. Es el encuentro con Dios. Lo que más aprecio. Tengo mis crisis, pero las llevo con calma».