Concierto de Vetusta Morla
El cantante del grupo Vetusta Morla, Pucho, durante el concierto que han ofrecido ante 38.000 personas en la explanada exterior de la Caja Mágica de Madrid. Víctor Lerena / EFE

El caos organizativo en la gestión de la entrada y la salida del concierto de Vetusta Morla en La Caja Mágica de Madrid ha empañado una noche en la que el grupo de Tres Cantos ha brillado sobre el escenario.

Según ha podido saber 20minutos por asistentes al concierto, la señalización para aparcar y acceder al recinto era prácticamente nula. Al tener lugar el concierto en el aparcamiento de La Caja Mágica, aquellos que llegaron en vehículo debían estacionar en el Camino de Perales, un lugar ubicado al otro lado del Parque Lineal del Manzanares, que rodea por un lado este recinto multiusos.

"No había señalización previa de que ese era el aparcamiento, así que cuando llegabas a la puerta del concierto, un señor te indicaba que había que meter la dirección de Camino de Perales en el GPS", comenta a 20minutos una de las 38.000 personas que asistieron al evento.

Pero lo peor —aparte de aparcar "a veinte minutos caminando" del lugar del concierto— llegó después, a la salida del mismo: "Cuando terminó, el parque estaba cerrado y no podíamos llegar al aparcamiento. Esto nos pasó a mucha gente. Incluso nos pusimos a caminar hacia la autovía para intentar llegar a la otra punta del parque, pero al final dimos la vuelta porque había que meterse en el asfalto".

Fueron muchos quienes intentaron alcanzar a pie por carretera el aparcamiento, indica esta asistente, hasta que al final la Policía optó por cortar el acceso. "Se pusieron tarde a cortar el paso a la carretera porque veían que la gente cruzaba la autovía, un caos. Estuvimos dos horas desde que salimos del concierto para intentar llegar al coche".

Finalmente, la solución fue coger un taxi hasta el parking, "estábamos todos buscando un taxi".

Según la información previa proporcionada en la web oficial, para asistir al concierto había diferentes modos de llegar: metro, autobús urbano e interurbano, cercanías, taxi, bicicleta o en coche, esta última opción desaconsejada por los organizadores "al tratarse de un evento de gran dimensión y no haber parking cercano", apuntaban.

No ha sido esta la única queja: las redes sociales se han llenado desde este sábado por la noche de comentarios negativos sobre la organización del concierto. "Enhorabuena equipo, muy buen concierto! Pero el recinto ha sido una pésima elección: demasiada gente, dificilísimo comprar una botella de agua, gente fumando pegada a ti, horrible la salida", comentaba Marta en una publicación de Vetusta Morla en Facebook.

"El concierto genial, pero la organización dejó mucho que desear. La entrada una odisea, la salida igual, la gente andando por las carreteras porque no había salidas señalizadas ni forma de volver a casa. Ni policía regulando a las 38.000 personas ni nada de nada. Del olor en la Caja Mágica ni hablamos. Pero el concierto de 10", aseguraba María, otra usuaria.

"El concierto, impresionante. La gestión y organización de entradas y salidas, de pena... No está preparado para 38.000 personas", apuntaba también Eugenia en Twitter.

"Muy contenta por vosotros. Pero después de llevar 9 años yendo a vuestros conciertos, tener que ver un concierto en una pantalla a mí no me ha merecido la pena", asegura otra asistente en Twitter.

"Quince años viendo a Vetusta Morla, pero hoy la organización ha dejado mucho que desear. Colas kilométricas para todo, entrar, baños, bebidas, salir, transporte público. Han metido 38.000 personas y la mitad no ha podido ni ver el concierto en condiciones. Voy a tardar en volver a otro", escribía el usuario Pastilla Roja en la misma red social.

Un concierto mágico

A pesar del caos organizativo, Vetusta Morla se ha plantado una vez más ante su público, 10 años después de la edición de su primer álbum, Un día en el mundo, el que los colocó en los Mapas (2011), como su segundo trabajo, al que siguieron La deriva (2014), el más galardonado de la música independiente y Mismo sitio, distinto lugar (2017), en el que, en aras del arte una vez más, huyeron de la complacencia.

Tampoco la han mostrado en la noche de este sábado, al interpretar íntegramente este cuarto y último disco de estudio, no necesariamente el más popular pero sí uno muy ambicioso, en dos tandas entre las que han sonado cortes tan célebres como Golpe maestro, Maldita dulzura o la seminal Valiente, pero excluyendo otros aptos para la épica colectiva como Saharabbey Road o Un día en el mundo.

Ha sido a las 22.15 horas, tras la actuación como telonero de Jacobo Serra y en otra de esas decisiones que hacen de ellos una banda singular, la de arrancar no con un single, sino con el tema que titula y cierra su último trabajo.

Desde ese mismo inicio, o con Deséame suerte después, han dejado constancia del nivel de exigencia y perfeccionismo que hace casi imposible ver un mal concierto de Vetusta Morla, lo que no está reñido con una capacidad de pegada que se aprecia en finales con garra roquera como el de El discurso del rey.

Ha quedado claro además por los cánticos del público que Palmeras en La Mancha es uno de los nuevos cortes con más adhesiones y también que, en su visión integral del espectáculo, con proyecciones de gran nivel en un pantallón de fondo, caben hitos escenográficos como los focos de interrogatorio en Golpe maestro.

"Infinitas gracias por venir esta noche a celebrar uno de los momentos más impresionantes que hayamos tenido. Hace unos 20 años iniciamos un proyecto lleno de ilusión, perserverancia, intuición y trabajo", ha dicho Pucho en un "brindis por la música" en esta noche de San Juan en la que ha propuesto "quemar las cosas que no nos gustan y mirar con esperanza al futuro".

En la retina quedarán imágenes como el mar de brazos en alto en una infinita pista de almas entregadas a versos emblemáticos como los de Copenhague ("dejarse llevar suena demasiado bien").

"El fuego lo hago yo", ha cantado Pucho entre intensas luces rojas y una llamarada en su camiseta, antes de afrontar con la desasosegante Guerra civil el segundo tramo dedicado a Mismo sitio, distinto lugar, en el que han cabido la evocadora distorsión final de La vieja escuela y la comunal 23 de junio, con versos idóneos para la velada: "Y que San Juan no nos queme en la hoguera".

Su versatilidad les ha permitido asumir con igual capacidad la densidad atmosférica de cortes poco manidos como Al respirar, de su primer álbum, temas turbadores como Punto sin retorno o clásicos con cierta épica social como La deriva.

Mensaje solidario

"Estamos hartos de escuchar sentencias contra bomberos y gente que se juega por salvar vidas en el Mediterráneo; eso no crea un efecto llamada, que no se le dé la vuelta al cuento y se juzgue a quien no se debe juzgar, hablamos de protegernos los unos a los otros", ha clamado el vocalista tras contar el caso de un amigo a la espera de una sentencia por "salvar gente de desahucios inminentes".

Y cuando la densidad musical podía amenazar el desarrollo del concierto ha irrumpido una traca final con baño de masas incluido, en el que han sonado una acelarada Mapas, las coreadísimas y catárticas Sálvese quien puedaValiente y el nuevo y enconado clásico Te lo digo a ti.

"¡Hoy es día de fiesta!", han proclamado antes de irse con Fiesta mayor a unos bises que, tras Consejo de sabios y cerca de dos horas de recital sin apenas resuello, ha recogido lo que es ya una tradición, el broche con El hombre del saco y Los días raros, haciendo deseable que, como la novela de la que tomaron su nombre, la suya sea una "historia interminable".