Etiquetado de un frasco de crema
Leer la etiqueta de los productos de cosmética es importante para saber qué componentes incluye la fórmula. ARCHIVO

Compramos productos de belleza y ni siquiera nos fijamos en las etiquetas o no las entendemos debido al uso de términos científicos o palabras en latín. Sin embargo, la información que en ellas aparece es muy importante para saber los ingredientes que contiene el cosmético que tenemos entre las manos. Si es hipoalergénico, si contiene parabenos (conservante), si está elaborado con cosmética natural, etc.

La Unión Europea estableció en 1998 que todos los productos de belleza que se comercializasen dentro del territorio deben llevar un etiquetado con los componentes que incluyen. Al listado de ingredientes que hay en cada envase se le llama Inci (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos) y permite conocer el contenido, al margen del país en el que se haya hecho el cosmético.

El orden en el que aparecen mencionados no es aleatorio: va en función de la cantidad de ingrediente que haya en la fórmula (de mayor a menor), aunque no se tiene por qué definir el porcentaje específico de cada uno. Normalmente, el primer componente con el que comienzan el 99% de ellos es agua.

Los elementos naturales, es decir que no se han sometido a procesos químicos, están indicados en latín con su nombre botánico, mientras que los compuestos artificiales aparecen en inglés. Los ingredientes orgánicos y comercio justo se informan con asteriscos.

El siguiente paso es reconocer qué principios son poco saludables para nuestro organismo. La cosmética moderna se está moviendo de lo ‘verde’ a lo ‘healthy’. De hecho, las grandes marcas han perfeccionado los denominados ingredientes sintéticos y afirman que son "más estables y, por tanto, más inofensivos que sus equivalentes naturales". Es decir, la industria se defiende alegando que no toda la química es dañina.

Sustancias peligrosas

Sí que hay que poner especial atención a las parafinas, glicerinas, aceites minerales o vaselinas porque son derivados del petróleo y nocivos para la salud.

La legislación actual permite los parabenos (methylparaben, ethylparaben, propylparaben y butylparaben), muy presentes en los protectores solares, en una concentración de 0,4% para un único producto, o 0,8% si son varios parabenos mezclados. La dosis es baja, pero si a diario usamos diferentes productos de belleza que incluyan este tipo de sustancias podríamos superar los límites aconsejados, alertan los demartólogos. Componentes como octocrileno, cinnamate y edta, prohibidos.

Lo mismo se aplica a las siliconas o emulsionantes, la más usada en cosmética es la dimeticona y, en general, aquellas con los sufijos ‘one’, siloxane o quaternium. Hacen que los productos sean más apetecibles a ojos del consumidor porque dan un aspecto terso y suave, pero en realidad es como si pusiéramos una capa de plástico encima de la piel que tapa los poros.

Por este motivo, hay que asegurarse que estos componentes se localicen en los últimos lugares de la Inci. Hay dos maneras de indentificarlas en la etiqueta: aparecen con las siglas PEG seguidas de un número o por su terminación 'eth'. Los PEGs más usados son polyethylenglycol y sodium laureth sulfate.

De nombre impronunciable, los ftalatos son disolventes presentes en lacas para el pelo y esmalte de uñas y lo que hacen es aumentar la flexibilidad de algunos materiales y fijar aromas.

Estudios científicos demuestran que estas sustancias alteran el equilibrio hormonal (actúan como disruptores endocrinos), aumentan el riesgo de padecer cáncer y la infertilidad. Se identifican con los nombres dietihexiloftalato (DEHP), dibutilftalato (DBP) o butibenziftalato (BBP).

Por último, es fundamental que una vez que abrimos un producto permanezca siempre bien cerrado y que revisemos la fecha de caducidad porque los cosméticos también prescriben.