Joaquín Furriel
El actor Joaquín Furriel posa durante la premiere del filme 'El faro de las orcas', en 2016. GTRES

Un taxista madrileño enfadado con el mundo (Dani Rovira), un argentino embaucador recién salido de la cárcel (Joaquín Furriel), un viaje delirante y la búsqueda de un tesoro son los ingredientes de Taxi a Gibraltar, el segundo filme de Alejo Flah, que se rueda estos días entre Madrid, Canarias y Gibraltar.

La azotea de las emblemáticas Torres Blancas de Madrid acoge una de las escenas clave cuando ya han transcurrido cuatro de las siete semanas previstas de filmación de esta coproducción hispanoargentina respaldada por Atresmedia Cine.

Flah, que ha sido guionista de Juan José Campanella y que debutó como director de largometrajes con la comedia romántica Sexo fácil, películas tristes (2015), define su nuevo trabajo, coescrito junto a Fernando Navarro (Anacleto, servicio secreto, Verónica), como una comedia de acción sobre la amistad inesperada entre unos perdedores.

"La comedia no consiste en ser gracioso sino en parecer desesperado", dice el argentino citando al cómico de cine mudo Mack Sennett. "Me interesa esa clase de comedia, del tipo que lo intenta todo y no lo logra; los desesperados y perdedores están dispuestos a arriesgar a más y eso es más interesante cinematográficamente".

El triángulo de perdedores de Taxi a Gibraltar se completa con la actriz Ingrid García-Jonsson como Sandra, una chica andaluza de pueblo que en la huida de su propia despedida de soltera y de su vida predeterminada decide embarcarse en la aventura.

Una búsqueda que surge de la leyenda urbana de que los británicos ocultaron oro en los túneles secretos del peñón de Gibraltar, construidos durante la Segunda Guerra Mundial por los aliados para planificar la campaña del Norte de África.

"La idea de Gibraltar surgió como un lugar especial, casi loco y mágico y lleno de monos", señala Flah. "Luego supimos que el peñón tiene por dentro como 50 kilómetros de túneles y esa leyenda urbana de que podría haber oro allí".

Enfados, curritos y mucho humor

Dani Rovira, experto en papeles cómicos, asume aquí un rol más comedido de lo habitual. "Mi personaje es para adentro, está siempre enfadado, no tiene comedia per se, sino que la comedia surge de las situaciones", explica el protagonista de Ocho apellidos vascos.

Según Rovira, León Lafuente es "un currito como el 80 % de los españoles, que las está pasando canutas, un tío que siempre lo ha tenido todo difícil y al que se la ha agriado el carácter, agobiado por las deudas y las dificultades para llegar a fin de mes".

Más excéntrico y arriesgado es el personaje de Furriel, Diego Manfredi, cuyo apellido es un homenaje al actor italiano Nino Manfredi. Para el actor argentino, más habituado al drama y al thriller, está siendo todo un desafío.

"Manfredi es una especie de superviviente", explica Furriel, "es un argentino que se vino a España en 2001 escapando de la crisis e hizo lo que pudo para salir adelante; lo vamos a ir conociendo a lo largo de la película, de entrada no está muy claro quién es y a qué se dedica, pero es un tipo que usa su creatividad para salir adelante".

También García-Jonsson, medio sueca y medio andaluza, y que se dio a conocer con el drama de Jaime Rosales Hermosa juventud (2014), descubre su vena cómica en este filme.

"Es el personaje más alocado y extremo que he hecho", admite la actriz, "es una versión de mí multiplicada por 50.000, con la ingenuidad que yo podía tener a los 15 años; le he quitado el mal humor o la ironía que yo suelo tener, digamos que es como yo, pero en buena persona", bromea.

A la hora de hablar de referencias, Flah menciona títulos como Mejor solo que mal acompañado, Arma letal o comedias italianas de Manfredi. De gusto ecléctico como espectador, se declara creyente en la eficacia de los géneros. "Son como los estándares de jazz, se tocan y tocan una y otra vez, pero cada uno los lleva a un terreno personal".