Fernando Aramburu
Fernando Aramburu durante la entrevista. JORGE PARÍS

Tras vender solo en España más de 700 000 ejemplares de su novela Patria, vuelve Fernando Aramburu año y medio después con Autorretrato sin mí (Tusquets), una prosa poética y una disección propia a la altura de la elevada literatura que siempre ha pretendido.

¿Se acuerda que dijimos en la última entrevista que Patria no era carne de best seller?
Perfectamente y yo podría haber hecho caja ahora con un novelita. Pero no es lo que quiero, apuesto por la literatura y ella me lleva a veces por caminos que no son favorecidos por las ventas, pero tengo unos lectores exigentes a los que quiero complacer.

Lectores de alta literatura.
Es lo que intento hacer. Con Patria se ha abierto el abanico.

Y no ha hecho concesiones, tras el éxito, porque Autorretrato es una obra en prosa poética reflexiva muy alejada de Patria.
Le pedí ayuda a la poesía para exponer el paisaje que hay dentro de mí, de escenas antiguas, dolores, alegrías. Asuntos que me vinculan con la especie humana como la noche, el miedo, la risa, la muerte.

Como la poesía: sin mentira pero sin contar la vida.
Eso era esencial: contar mi verdad, que no es que sea una verdad especial, es la de uno más que tiene una edad y en un momento determinado adquirió la pasión por el idioma y la lectura.

En vez de una novela que compraran todos, va y se abre en canal.
Exacto, lo cual me tiene intranquilo, tengo que confesarlo, porque uno escribe en casa, y en este caso no. Todo ha sido en aviones, hoteles, terrazas de cafeterías... Después de un vino que ya me calienta y me inspira. Uno, ¿eh? Dos no, con dos se acabó. Pensé: llevo toda la vida haciendo trampa contando hechos que me han pasado a mí y dándoselos a personajes de ficcón y me daba remordimientos, pero me cuesta superar mucho el pudor y no me considero especial. Entonces llegué a un trato con la poesía: ella no me exige rima y yo no la maltrato con parodia o sátira o esa socarronería a la que soy propenso.

¿Cambió la melena por los pensamientos al aire?
Tenía una larga melena pero siempre supe que tendría este aspecto. De hecho me pinté en el colegio una vez y era muy fiel a como soy ahora. Son todos calvos en mi casa. Tengo cierta resignación con esto y espero llevarlo con un poco de elegancia.

Solo en España: 700 000 ejemplares vendidos de Patria, ¿cómo toca un éxito así?
Halaga, no lo niego, pero crea también una responsabilidad. Asumo esa responsabilidad, y esto lo aprendí de Camus, porque cualquiera con un discurso público tiene una responsabilidad. Las palabras no son inocentes, pueden causar mucho daño y pueden llevar a muchos a cometer actos crueles.

Y a salvarse también, a usted lo salvó... No acabó en Eta como amigos suyos.
Lo he constatado y no tengo duda: tengo la convicción de que quien no tenga un dominio del idioma y la palabra está en una situación intelectual muy frágil. Puede ser colonizado por el poder demagógico de otros. Por eso no concibo que un ciudadano sea libre si no tiene un mínimo conocimiento de la lengua. ¿Cómo va a explicarse si no tiene los conocimientos? La educación es fundamental.

Y la lectura...
Claro, la lectura eleva la calidad del ser humano. Juzgo imposible que alguien en estrecha relación con la cultura no mejore como persona y no aporte algo positivo a su entorno. Además, he trabajado 24 años en la docencia en Alemania, sé de lo que hablo.

Marcharse allí por amor como hizo usted sin saber una palabra de alemán...
Si de alguien estoy orgulloso es del joven que escuchó al corazón y dejó todo y se fue con lo puesto y sin saber alemán siguió su corazón y detrás de aquella chica alemana. Han pasado más de 30 años y seguimos juntos. La vida me ha hecho este regalo, así que me he prohibido quejarme y soy alérgico a la costumbre de la queja. No es que crea que todo está bien. La queja, decía Canetti, lo que significa es que uno cree que merece más o algo mejor. Es lamentable que el descontento nos lleve a ser desagradecidos; ahí fallamos.

Hablando de quejas: ¿qué piensa un vasco como usted del procés catalán?
Me entristece ver cómo amigos catalanes dejan de hablarse. Si fuéramos valientes deberíamos ser conscientes de que el independentismo está llevando a una situación social desfavorable. Sería razonable dialogar. Lo que no tienen es una banda que dejó una reguera de muertos para nada.

¿Si leyéramos más sería más fácil lograr una igualdad entre hombres y mujeres?
Es posible. Y si leyéramos más a mujeres, porque hay unos defectos que hay que solucionar. Pido a las mujeres que vayan a la huelga, que asistan a la manifestación del día 8 de marzo. Tengo dos hijas y no quiero que vivan donde se les pague menos. Y tengo la intuición de que este paro va a tener una repercusión positiva fuera de España. Hay algo en marcha que no tiene vuelta atrás y va en la orientación adecuada: crear una sociedad democrática que merezca el nombre de tal.