Fachada del Teatre Arnau de Barcelona.
La sala, ubicada en el Paral·lel, está en desuso y pendiente de un proceso participativo con vecinos y entidades que decida su nueva utilidad. WIKIPEDIA

En 2016, el Teatre Arnau amenazaba derribo. En 2011 fue comprado por el Ajuntament de Barcelona cuando era alcalde Jordi Hereu (PSC) para convertir el último teatro de barraca que se conserva en la ciudad, datado del año 1894, en un equipamiento municipal cultural y de recuperación de la memoria histórica del Paral·lel.

Un informe técnico consistorial indicaba en octubre de hace dos años que el estado del antiguo teatro era tan ruinoso que no podía mantenerse en pie vía rehabilitación. Pero su suerte ha cambiado este 2018 y las obras para hacerlo brillar de nuevo escénicamente comenzarán a lo largo del primer trimestre del año que viene, aunque no hay ni fecha de apertura ni presupuesto definitivo cerrados.

La completa reforma la confirmaba esta miércoles por la mañana la regidora del distrito de Ciutat Vella y concejal de Participación y Distritos de Barcelona, Gala Pin, y el comisionado de cultura, Joan Subirats. Los encargados del proyecto ganador, 'Boca a boca', serán H Arquitectes, que han ganado el concurso municipal entre 10 finalistas y 22 planes presentados. Ellos redactarán el proyecto ejecutivo para la rehabilitación y adecuación del  emblemático edificio del Paral·lel, que tendrá que estar listo en enero de 2019.

Esta reapertura ha sido una insistente demanda vecinal del Poble Sec, el Raval y Sant Antoni. Se llegó a crear una plataforma para hacer renacer al teatro llamada Recuperem el Teatre Arnau, que ha estado trabajando codo a codo con la Associació Talia Olympia.

Se mantendrán la fachada y la estructura de madera

Los usos de este nuevo espacio artístico de la plaza Raquel Meller se han ido decidiendo mediante un proceso participativo que arrancó en la primavera de 2016. Se podrán mantener variados elementos originales que preservarán el alma de este lugar, desde la fachada a la boca del escenario, la forma de herradura de la sala, la baranda del anfiteatro y la estructura de madera íntegra (pilares, forjados y entramados de fachada).

El edificio se dividirá en un sótano, una planta de semisótano, planta baja y dos plantas. Las plantas bajo tierra serán espacios para servicios, almacenes, talleres, camerinos y muelle de descarga. La planta baja acogerá los accesos y los vestíbulos principales, la sala del teatro y el espacio polivalente del Ateneu. En las plantas primera y segunda se situarán el anfiteatro, la sala de ensayo, el centro de interpretación, la administración y más espacios técnicos y de almacen. Se trabaja con un aforo que oscilará entre las 200 y las 300 personas.

La actuación constructiva dejará el esqueleto del antiguo teatro y procederá a sanear la madera, añadir conectores metálicos, refuerzos de madera y hormigón a los espacios entre las maderas para garantizar la estabilidad de la estructura.

La fachada original del edifico se reconstruirá y se ganará un espacio abierto al barrio porque el edificio tendrá un espacio anexo, el Ateneu, que mediante una boca de escenario en la fachada permitirá que la plaza sea parte de la escena y viceversa en función de los espectáculos que se programen. También se preservará la luz natural del recinto para que este pueda albergar actividades diurnas. Para oscurecerlo se usarán cortinas.

Se procederá además a abrir un pasaje que conectará la calle Nou de la Rambla con el Ateneu del Arnau y que servirá de entrada secundaria al teatro.

Teatro de barraca

El Arnau fue comprado a la Iglesia Evangélica China en 2011 por dos millones de euros. Es un exponente del teatro de barraca, modelos de rápida construcción y estructura similar a la industrial y que proliferaron en el Paral·lel a lo largo del siglo XX para albergar entretenimientos de la clase obrera de entonces como el music hall y los billares.

El bache económico de El Molino

Otro teatro emblemático del Paral·lel, de propiedad privada, está pasando por dificultades económicas. El Ajuntament está pendiente de su situación a la espera de conseguir que El Molino se mantenga como equipamiento cultural y que no cambie su uso.

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