Herrerillo y carbonero
Herrerillo y carbonero en un comedero artesanal. Foto © Chris Gomersall / RSPB

Las aves insectívoras son capaces de detectar mediante el olfato las señales químicas o feromonas que emiten sus presas en época de reproducción y así optimizar sus esfuerzos en la búsqueda de alimento.

Una investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) que publica la revista Plos One, ha demostrado que, pese a que tradicionalmente se pensaba que las aves carecían del sentido del olfato o apenas lo utilizaban, cada vez hay más evidencias de que éste juega un papel relevante en su biología.

El estudio se centró en la atracción ejercida por las hembras de polilla de invierno sobre sus depredadores durante la búsqueda de pareja, en que emiten feromonas para atraer al macho.

Para ello, el MNCN explica que el equipo se desplazó a un bosque de roble melojo con una elevada abundancia de herrerillos comunes y de carboneros comunes, dos especies de aves insectívoras.

Modelos de plastilina

Los científicos colocaron modelos de plastilina que imitaban a las orugas de polilla de invierno en las ramas de los robles y dispusieron en algunas de ellas dispensadores que contenían feromonas de este lepidóptero.

El número de orugas de plastilina atacadas por las aves fue mayor cuanto más cerca estaban de un dispensador de feromonas, lo que "nos lleva a concluir que las aves son capaces de detectar las señales químicas que emiten sus presas durante la búsqueda de pareja para maximizar la búsqueda del alimento", explica la investigadora del MNCN Irene Saavedra.

Algunas investigaciones previas habían demostrado que las aves insectívoras pueden detectar las señales químicas o volátiles de defensa emitidos por los árboles infestados por orugas gracias al olfato, añade la nota.