Porro
De los 33 identificados en la campaña, 22 estaban consumiendo drogas. ARCHIVO

La Policía Local de Pontevedra ha culminado una campaña de vigilancia en las inmediaciones de los centros educativos para prevenir las conductas violentas y la presencia de estupefacientes, con la conclusión de que se ha producido un aumento en el consumo de estas sustancias, en comparación con el pasado año.

A diferencia del último trimestre de 2006, en el que diez jóvenes fueron identificados por este motivo, en el mismo periodo de 2007 los agentes identificaron a un total de 33, de los cuales 22 estaban consumiéndolas. La colaboración ciudadana y de los propios centros permitió, según fuentes de la Policía Local, detectar puntos de encuentro en lugares cercanos a los colegios, donde existía consumo y venta de esas sustancias.

Principales actuaciones policiales

Entre las principales actuaciones destacan la identificación de nueve jóvenes que se encontraban consumiendo hachís y cocaína, la imputación de un menor por venta de droga, la identificación de otros cinco jóvenes que consumían y la imputación de un menor por la sustracción de un teléfono móvil.

Este dispositivo se desarrolló entre los meses de septiembre y diciembre

La primera intervención se produjo el pasado 9 de noviembre; de los nueve jóvenes identificados por presunto consumo de hachís en la vía pública durante la hora del recreo, de los cuales cuatro eran mayores y otros tres menores de edad.

La siguiente se produjo el 21 de ese mismo mes, cuando los agentes procedieron a la identificación de un joven mayor de edad y otros cuatro menores por consumo de hachís en la vía, a los que se sumó un menor de 17 años como imputado por el presunto delito de tráfico de esa sustancia.

Los agentes les intervinieron dos porros, una bolsa con 6,3 gramos de marihuana, otra con 3,8 gramos de hachís, diversos útiles para su manipulación y 60 euros en billetes fraccionados.

La última se produjo el pasado 10 de diciembre, con la identificación de un menor que presuntamente se había apoderado de un teléfono móvil que se encontraba en una mochila que pertenecía a una alumna del centro.

Este dispositivo se desarrolló entre los meses de septiembre y diciembre, especialmente en los institutos y los centros de Formación Profesional, con el objetivo de prevenir y detectar infracciones -con finalidad disuasoria- relacionadas con la seguridad ciudadana, como tráfico y consumo de estupefacientes, acoso escolar, hurtos y agresiones, entre otras incidencias.

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