¿Pagaremos caro que se haya dejado todo lo que sucede en manos de los tribunales?
Quiero ser viejecita y que reflexionemos de todo esto y digamos cuánto nos equivocamos todos, o unos más que otros. Aún estamos en medio del conflicto, pero tengo claro que esta dejación de la discusión política honesta y colocar lo que pasa en manos de los tribunales es uno de los peores errores que se ha podido cometer.

¿Hasta qué punto le preocupa?
Estoy tremendamente preocupada porque tenemos dos millones de ciudadanos que piensan de una manera muy radicalizada y otros dos que no están en absoluto de acuerdo, y hemos de seguir estando aquí, en un mismo país.

La fractura ya es grande.
Yo he tenido discusiones como nunca y unos enfrentamientos a nivel familiar que nunca pensé que podría tener. Nos está produciendo un daño terrible. Mis compañeros jueces han pasado momentos de mucha alerta. Yo pediría la capacidad de volver al debate político honesto y dejarnos de una bandera o de otra, de un nombre o de otro. Vamos a preguntarnos qué queremos, y si quiero ser independiente porqué. Vayamos a los 'qué' más que a los envoltorios. A mí me importa un rábano una bandera o la otra, a mí lo que me importa es que vivamos mejor, haya educación y trabajo, viviendas adecuada, que no se nos ahoguen los refugiados, que nos vuelva a preocupar lo que de verdad importa.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Porque se ha jugado con las emociones, es un proceso emocional. No hay de verdad argumentos, se ha dejado todo a las emociones.

¿Ha cuajado por eso?
No, ha sido porque estábamos en una crisis tremenda y nos sentíamos solos y esto servía para unificar. En la manifestación en el Palacio de Justicia he visto hoy el perfil: muchos jubilados, que ya no tienen mucha esperanza en muchas cosas, y muchos jóvenes, a los que les han llenado de ilusión en un momento de total desesperanza.

¿Qué le da más miedo?
Siempre he pensado que el poder no es malo, pero es nefasto si no hay contrapoder. Los medios son un control de todos, pero si unos son puestos en duda, como nosotros, y una parte de vosotros, los medios, pierde la neutralidad, entonces me asusto.

¿Le queda margen para la esperanza?
Yo quiero tenerla, pero esto no lo arregla ni la política ni la justicia, sino la economía. Será cuando veamos el descalabro económico que vamos a notar en Cataluña. Cuando vean que se tienen que ir. A mis hijas, tengo dos, les recomiendo que se vayan. Y el país que pierde a los jóvenes, ¿con qué se queda? No me reconozco aquí, y esta ha sido siempre mi tierra. Y yo los quiero, a mi madre la quiero y se me ha vuelto independentista. Los quiero, pero no los entiendo. Me sentía orgullosa de mi lengua, pero ellos se creen distintos, y en ese 'distintos' hay mucho de 'mejores' y eso no me gusta. Me gusta la mezcla de romanos, fenicios y griegos que somos. Y por eso cada vez me gusta menos y me siento muy desubicada.

¿Era lo esperado?
Lo que no puede ser es que vivamos pendientes de esta absoluta improvisación. Quiero hablar de los menores no acompañados, no quiero que me monopolicen el pensamiento, quiero mirar y preocuparme por lo realmente indignante: la gente que no puede pagar el alquiler. Quiero que mi sociedad se preocupe por lo que importa, lo demás es ruido. Me siento secuestrada, y no quiero que me echen.

¿Se iría?
Yo me marcharía si tuviéramos que jurar fidelidad a la nueva república.

¿Le da miedo Puigdemont?
Lo que temo es que Puigdemont provoque nuevas elecciones. Mi esperanza es que se presente un candidato distinto.

¿Es abandonar a Puigdemont?
Pero es que o acepta el exilio autoimpuesto y se queda allí o asume aquí las consecuencias de sus actos y responde ante la justicia.

¿Es la suya una profesión más de hombres?
Somos más mujeres, creo que el 52%. El problema es si pese a ser más, aprendemos formas de actuar más masculinas. Hemos de evitar caer en tics muy masculinos. Empatizar nos caracteriza. Podemos tener una perspectiva muy valiosa en la justicia. Si estamos en una reunión solo mujeres tenemos una gran capacidad de ir al grano.

Pero en según qué puestos, por ejemplo en el Supremo, no son ni de lejos la mitad.
Esto pone en cuestión a todo el sistema. Cuando ganamos en pruebas objetivas pero en las decisiones discrecionales no ganamos, algo pasa. En el Consejo somos menos, pero no creo que sea porque nos menosprecian. Pero creo que no se tiene en consideración como funciona la vida en realidad y tenemos que seguir incorporando unas tareas que ellos no tienen y eso hace que en la carrera de méritos vayamos detrás. El Consejo tendría que aportar esa normativa de discriminación positiva.

¿Debería haber una ley de igualdad que fuera sancionadora?
No, no creo en el castigo. Creo que la sociedad ha de optar por el colectivo más vulnerable. No digo que esto haya de ser eterno pero ha de empezar a hacerse. Dicen que es porque hemos llegado más tarde, que no somos ambiciosas, pero eso no es verdad.

¿Ha tenido que demostrar su valía más que un hombre?
He tenido que luchar contra mí misma cuando me han venido algunas oportunidades que un compañero ni se lo habría pensado. Soy la que sigue poniendo pesos a mis alas. He tenido que hacerme valer más que otros, sí, sobre todo al principio. Tienes la sensación de que te miran diferente porque eres mujer.

Y guapa.
Como si no te tomaran en serio. Y solo te hacen caso si sacas la mala leche. Y es terrible que sea tan difícil mantener la autoridad siendo amable. Dos años fui jueza de lo Penal, la experiencia menos enriquecedora para mí, y para hacer valer la autoridad tenía que gritar y usar estrategias que no son mías. Y no sé si un compañero barbudo se habría encontrado con los mismos problemas que yo.

Es el suyo probablemente el gremio más conservador, ¿o me equivoco?
Ya es tiempo de entrar en otra manera de actuar y administrar justicia. Pero lo importante es estar atento a lo que pide la sociedad. No creo que tengamos que ir por delante de la sociedad, sino que ella ha de ser la que nos debe mandar un mensaje.

¿Independencia judicial?
Nadie me ha llamado para que haga o deje de hacer, pero si nos centramos en nuestro órgano de gobierno las decisiones tendrán una trascendencia y eso me pesa. Me importa el impacto que va a tener en la sociedad y hay que valorar los daños colaterales. No creo en que se haga justicia y se hunda el mundo.

BIO

Barcelona, 1964. Ingresó en la carrera judicial con 25 años como titular del juzgado mixto nº 1 de Vilafranca del Penedès y ascendió a magistrada en 1992. Ha ejercido la mayor parte de su carrera en el Juzgado de Primera Instancia 19 de Barcelona, especializado en familia. Es jueza decana de Barcelona desde 2013.