Violación dentro de la pareja.
Ilustración sobre la violación dentro de la pareja. Pedro Perles

"Si estás húmeda, es porque quieres sexo, no mientas". Estas palabras son las que escuchaba Clara (nombre ficticio), de 20 años, por parte de su pareja cada vez que él quería tener relaciones y ella insistía en que no le apetecía. Un tipo de situación que sufren a diario y en silencio mujeres de todas las edades.

No hace falta un callejón oscuro, un descampado o un portal para violar a una persona, también se puede hacer en el ámbito de la pareja; basta con que uno de los dos se haya negado a empezar las relaciones o a continuarlas. "La violación en pareja ocurre cuando uno de los dos no quiere y la otra persona le obliga a ello. Ya sea de forma física o con chantaje emocional", explica Ana García, sexóloga.

La violación en el entorno de la pareja se ejerce conjuntamente con otro tipo de violencias: psicológica, física o social. "El propio entorno amenazante de la relación es el que sirve ya de por sí como coacción o amenaza para que la mujer se vea obligada a mantener relaciones en contra de su voluntad", señala Ana Valmala, trabajadora social de la Fundación Aspacia.

Sara (nombre ficticio), otra joven madrileña de 20 años, cuenta que su ex tampoco se daba por vencido a la primera y no paraba hasta conseguir lo que buscaba: "Me decía cosas como 'seguro que sí que te apetece', 'tengo muchas ganas, no me puedes dejar así' o 'mira ya cómo me he puesto'". Ella aceptaba por "no discutir", ya que no quería "estar a malas con él". Aun cansada de que no se respetara su decisión, cedía para evitar lo que vendría después de su no.

Formas de chantaje

"En el caso de las relaciones sexuales, en muchas ocasiones se cede porque las consecuencias de no hacerlo son 'mayores' que las de hacerlo", explica García. Insistir para que la otra persona acceda "es una de las formas más habituales de violencia sexual", añade Valmala. El agresor no está utilizando la fuerza, "sino otras estrategias para ejercer esa violencia", como puede ser el chantaje emocional.

No ceder ante su pareja provocaba que Clara escuchase frases como "no me quieres", "es que te doy asco", "todo el mundo me rechaza" o "es normal que no me quieras si yo soy nada y tú eres una chica genial". Como afirma García, ante estas palabras "te sientes en la obligación de tener sexo para demostrar a la otra persona que sí que la quieres".

Cuando un miembro de una pareja obliga a la otra persona a realizar determinadas prácticas sexuales que a esta no le gustan "pero que son exigidas como una prueba de amor o fidelidad 'si no aceptas hacer esto conmigo, es porque no me quieres o te estás acostando con otro' también es un tipo de abuso sexual", explica Valmala. Obligar a la mujer a no utilizar condón 'por amor' puede ser otra forma de chantaje hacia ella.

En muchos casos, es en el momento en el que se niegan o no se dejan hacer, aclara la trabajadora social, cuando se produce la violación. Hay hombres que, incluso, llegan a usar cierta fuerza contra su pareja para conseguir lo que quieren: "Mi expareja se puso violento en dos ocasiones: me sujetaba las muñecas con mucha fuerza, llegó a dejarme la marca de sus manos durante varias horas", relata Clara a 20minutos.

Un acto de violencia machista

La violación en el ámbito de la pareja es mayoritariamente un acto de violencia machista. "Hay una concepción muy tradicional que prescribe deberes dentro del matrimonio o de cualquier pareja, y entre ellos está el de mantener relaciones sexuales con el cónyuge, tengan o no ganas las mujeres", afirma Valmala. "[Los varones] lo usan como un modo más de control", señala la trabajadora social.

"La violencia sexual dentro de la pareja y otros tipos de abusos siempre parten de la creencia como en toda violencia de género de que los hombres tienen un derecho adquirido sobre las mujeres y de que estas tienen la obligación de satisfacer los deseos sexuales del hombre dentro de la relación", apunta .

"Ninguna de las veces me di cuenta en el momento; creemos que por ser nuestra pareja es nuestro deber complacerlo o estaremos fallando, y no es así", reflexiona Sara. "Aunque yo le haya puesto cachondo, no le debo nada, ojalá hubiera sabido aplicar esto en su momento", añade la joven madrileña.

Y su expareja no es el único hombre con el que Sara ha tenido una experiencia de este tipo. Un amigo la invitó a su casa para celebrar el fin de exámenes con un par de personas más. La reunión incluía alcohol, y ella bebió. Había estado acostándose con una de las personas que se encontraban allí. "Le vi las intenciones que tenía conmigo desde el principio, y en un momento nos besamos incluso, pero yo le dije que no me iba a acostar con él", relata la joven. Sin embargo, un par de horas después, ella estaba aún más ebria y, no recuerda cómo, terminó con él en una habitación: "Yo estaba muy mareada y no sé tampoco cómo me empezó a besar, me dijo que me echaba de menos, que nos acostásemos por última vez". Sara, tras varias negativas, finalmente cedió, cansada de que él no la escuchara.

Las secuelas

"Recuerdo su cara en ese momento, aunque no lo que me decía... Desde entonces me cuesta pensar en otra persona como alguien con quien tener una relación y tampoco siento que pueda complacer a nadie", explica Clara cuando se le pregunta si lo vivido con su ex le ha perjudicado de alguna manera a nivel personal o sexual. "Y, bueno, tampoco me apetece mantener una relación con alguien y, de repente, tener un recuerdo de ese tipo", añade esta joven.

"Después de mi ex, creo que no he vuelto a estar a gusto con ninguna otra persona a nivel sexual", cuenta Sara. "Siempre tengo una especie de sensación de rechazo hacia el sexo justo antes o al principio o, incluso, aunque tenga ganas, dejo de lubricar. Es como si yo no funcionara bien". Tampoco se puede acercar al chico que tuvo sexo con ella estando borracha: "No puedo hablar con él ni estar cerca porque me entran náuseas y temblores involuntarios".

Las consecuencias de las violaciones en pareja pueden ser de tres tipos. Entre las físicas, se cuentan las lesiones, las infecciones por ejemplo, de orina, los embarazos no deseados o los abortos, las enfermedades de transmisión sexual... Entre las psicológicas, destacan el estrés postraumático, la disociación toman distancia de sí mismas, como si no les hubiera ocurrido a ellas como mecanismo de defensa, los ataques de ansiedad, el miedo, la hipervigilancia un estado de alerta constante para responder ante una eventual situación amenazante, la depresión, el insomnio... Y entre las sociales, figuran la pérdida del trabajo y el aislamiento no les apetece salir y si lo verbalizan pueden perder apoyo de su entorno o red familiar: como estas violaciones se dan en entornos que se supone que son seguros, explica Valmala, las víctimas pasan a sentirse menos seguras ya no solo con su pareja, sino en cualquier entorno.

Cómo actuar ante un abuso sexual en la pareja

Para la Fundación Aspacia, lo primordial es que las mujeres se informen y que decidan ellas: "A veces denunciar es una parte más del proceso de recuperación, pero nos quedamos, sobre todo, con la parte de pedir ayuda ya sea al entorno o a un profesional sanitario, por ejemplo, informarse de las opciones y tomar una decisión propia", aclara Valmala. En caso de que la víctima decida denunciar, al haberse producido la agresión por parte de su pareja o expareja, se juzga como delito de violencia de género, según la Ley 1/2004. "El proceso, además, se lleva a cabo en un juzgado específico de violencia de género".

En el caso de querer denunciar es importante tener en cuenta si lo sucedido ha sido una agresión o un abuso sexual. La principal diferencia es si ha sido con o sin violencia o intimidación, como explica Martín Ignacio Palladino, Abogado Penalista y Socio Director de Palladino, Pellón & Asociados. En el caso de la violación, "es un tipo agravado de agresión sexual", señala. Si sucede sin violencia o intimidación, se tratará de un abuso sexual, que también está penado. Para denunciar, es necesario hacerlo "ante la Policía o Guardia Civil, telefónicamente, verbalmente o de forma escrita". La denuncia se puede producir, añade Palladino, también durante una posible atención médica posterior a los hechos, en el marco de una llamada al 112 o al 016 o en un juzgado de guardia.

Aspacia gestiona varios recursos que pertenecen a una red de atención a mujeres víctimas de violencia de género en la Comunidad de Madrid, entre ellos el Centro para la Atención Integral de Víctimas de Violencia Sexual. "Ofrecemos atención individualizada para cada caso en particular, se le da información y asesoramiento sobre la situación y una atención integral si la mujer lo demanda, a nivel social, psicológico y jurídico", explica Valmala.