Los forenses han testificado que "si hubiera tomado su medicación en su pauta no habría ocurrido la depresión respiratoria" que acabó con su vida el 22 de abril de 2014 en el domicilio que compartía con la familia de la acusada, N. F. V., en Agones (Pravia). Es la suma de los medicamentos lo que la provocó, pero también han señalado que "podría haber aguantado".

La fiscalía pide que se le condene un año y nueve meses de cárcel por trato degradante a su abuelo mientras que la acusación particular eleva la petición a dos años y suma otra por homicidio imprudente, de cuatro años. Esta es ejercida por su expareja en nombre de su hija, menor de edad y heredera del fallecido junto a su madre.

La abogada de la acusación, Anatolia Ferrera, considera que han quedado probados ambos delitos y que el móvil era económico, "sabía que iba a perder el control sobre las cuentas". "La acusada no le controlaba la medicación, sólo para aumentarla" y ha señalado que dos semanas antes de morir el médico le recetó tomar un Orfidal al día, que se distribuye en 50 pastillas, y cuando la Guardia Civil llegó a la vivienda "sólo quedaba una". También le había mandado tomar, en un día puntual, 10 gotas de Haloperidol. El bote contiene más de 500 dosis y "estaba vacío. Se lo dio en seis días".

Además de las testificales, en que familiares del fallecido y la cuidadora declararon que el hombre decía estar secuestrado, querer irse de la casa y que la acusada le daba tranquilizantes machacados en la comida, la acusación presenta varios mensajes intercambiados entre la acusada y la cuidadora. Al conocer la investigación le escribió: "No metas la gamba, que vamos las dos pa' dentro. Las pastillas se las tomaba él, eh". N. F. V., en su declaración del lunes pasado, reconoció que fue "un comentario desafortunado" y que su abuelo se automedicaba, "tenía una bolsa en la habitación con las medicinas y la llevaba a la cocina". También que tenía "días a malos" a causa del fallecimiento de su mujer y que era una persona que empezaba a tener demencia senil.

Los testigos aportados por su defensa -una cuidadora anterior, que ahora cuida a los hijos de la acusada, su arrendatario y su suegro- han asegurado en la vista de este miércoles que el fallecido estaba en buen estado de salud, que "tenía carácter" pero que no quería irse de la casa de Agones, así como que salía y hablaba con otras personas. El abogado, José Carlos Botas, ha aportado también fotos del fallecido junto a la acusada y su familia en salidas a diversas localidades asturianas. "Estaba contento en el entorno en que vivía", ha asegurado.

Botas ha señalado en sus conclusiones que "no hay base para el delito de homicidio" y recordado que el juzgado de Pravia ya lo descartó. Respecto al de trato degradante ha expuesto dos sentencias en que se indica que para que se dé ha de haber "menoscabo grave a la integridad moral y grave quebranto psíquico, y no lo hay".

La fiscal ha expuesto que sí lo había, atendiendo a los testigos propios y de la acusación, y que N. F. V. "quería dar una opinión diferente, quería que el abuelo tuviera la idea de que se encontraba mal desde el punto de vista económico". La ha acusado de impedirle relacionarse con otras personas: "no le dejaba el teléfono, de ahí que dijera que estaba secuestrado. Y cuando iba con su suegro y su marido no tenía problema porque lo tenía controlado".

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