Andrés Suárez
El cantautor Andrés Suárez SONY

Llenó el Wizink Center el pasado mes de noviembre; este 24 y 25 de enero dará otros dos directos, esta vez en el Teatro Circo Price, y con un disco, Desde una ventana (Sony), en el que ha metido mucho más rock del que solía.

Andrés Suárez, que empezó en Libertad 8 y ha ido haciéndose un poderoso hueco, reivindica al cantautor como figura alejada del cliché. Da así un manotazo a la imagen del tipo triste que compone y canta.

¿Cuántas ganas tenía usted de quitarle lastre a la palabra cantautor?
Es que en Latinoamérica los cantautores son dioses y aquí no puedes ni decir que eres cantautor.

Un día me dije: ya no lloro más ni bebo de más¿Lo entiende?
No, no lo entiendo. Porque cantautor abarca muchas cosas. Por ejemplo, Robe Iniesta, de Extremoduro, es un cantautor también. Escribe y compone su música. Yo también lo soy y no dejo de serlo porque lleve en este disco una banda de rock. Basta ya con las asociaciones equivocadas.

¿A qué quería que sonara Desde una ventana?
Sobre todo quería que mi último disco sonara a rock.

¿Cómo se lo ha tomado su público original?
Les ha gustado. A la gente que le gusta mi parte romántica les ha gustado. Es que yo no llevaba banda de rock porque no podía, no porque no quisiera.

¿Qué se pide a usted mismo?, ¿dónde no quiere fallarse?
En muchas cosas, pero sobre todo en que quiero crecer. Sigo siendo el mismo que era.

Prefiero detenerme y no tener tanta prisa: he llegado a estar agotado Es más: comenzó en el rock...
Sí, era lo que tocaba cuando comenzaba en esto. De hecho yo empecé tocando música como Los Suaves, por ejemplo. Empecé en el rock.

¿Qué es lo que más nos cuesta entender?
En este país cuesta entender que por ser cantautor ni soy un coñazo ni un triste ni un pesado. Hay que cambiar esa imagen.

Sigue siendo el mismo, pero nunca nadie es igual a lo largo de los años, ¿dónde ha evolucionado más?
Yo vivía siempre de noche, venía de una relación que se rompió... etc. Hasta que un día me dije: ya no lloro más ni bebo de más. Y entonces me di cuenta de que no hay que buscar la poesía en los malditos bares ni en esa supuesta bohemia. Y conste que yo creía que sí, pero no es así. También es verdad que entonces tenía 22 años  y ahora tengo 34 años, y no es que sea muy mayor, pero se ven las cosas de manera muy diferente.

¿Madruga ahora? Se va a cargar del todo el 'rollo' cantautor...
Sí, porque levantándome a las seis de la mañana compongo mucho mejor. Ahora me entero de todo y eso se nota mucho. Yo siempre escribo lo que vivo y lo que he pasado, y la lucidez es muy importante en esto.

¿Qué es lo que más ha influido en su cambio?
Ha influido mucho, creo que lo que más, que antes, cuando empezaba en este mundo quería comerme el mundo y el mundo me comió a mí. Eso hace que cambies quieras o no quieras.

Dice que escribe lo que le ha pasado, pero la catarsis sola...
Claro, hay un proceso, hay que elevarlo, que sea arte. Y para hacerlo he de parar. Prefiero detenerme y no tener tanta prisa. He llegado a estar agotado. Antes vivía en Madrid y me comía la prisa, la angustia. Por eso ahora vivo en Torrelodones. Esa es otra de las lecciones que he aprendido: hay que parar.