Cruz Roja cesa a nueve voluntarios del Hospital La Paz
De izda. a dcha., Adrián, Anna, Dani, Alejandra y Reme, exvoluntarios de Cruz Roja en La Paz. JORGE PARÍS

José Luis tiene 14 años y el maldito cáncer desde marzo. Ha vuelto al pabellón, a la incómoda cama de la planta de oncología pediátrica de la Paz. Ahora, algunos de sus mayores apoyos en esta dura lucha no están. Anna ya no juega por las tardes, ni Reme aparece con una nueva manualidad para enseñar. Tampoco el resto de voluntarios de Cruz Roja que cada martes, miércoles y jueves transformaban las horas de ingreso hospitalario en minutos.

"Me hicieron una fiesta sorpresa por mi cumpleaños, el 20 de julio", recuerda con ilusión este adolescente de Mérida mientras revive el momento en el móvil. Sus padres no olvidan aquello: "Estos chicos les daban vida a los niños. En verano han sido un gran apoyo porque no tenían clase por la mañana y estaban todo el día aquí", cuentan desde la habitación 12. Con él hablaban, jugaban y compartían confidencias. "Los echo de menos", dice este guerrero. "Si no van a volver, ¿les puedes decir que me han hecho el trasplante de médula y que todo ha salido bien?". La pequeña Claudia, de la habitación 8, dice algo débil que le hacían "las tardes menos largas". 

Estos chicos les daban vida a los niños. En verano han sido un gran apoyo porque no tenían clase por la mañana

Por desgracia, ninguno tiene permitido ya vestir el chaleco rojo en el Hospital la Paz desde que la ONG cesó en noviembre y vía email a nueve de los 16 que completaban el equipo por "incumplimiento de la normativa". En concreto, dejaron de firmar la asistencia que les imponía el centro para, según cuentan, evitar coincidir con una trabajadora del hospital con quien mantienen problemas desde hace años.

Adrián, funcionario por las mañanas y voluntario en sus ratos libres, tuvo un enfrentamiento con la auxiliar de enfermería con cargo de coordinadora nada más poner un pie en el centro. "Me increpó en mi primer día porque tenía un roto en el pantalón y vi cómo a dos compañeras les gritaba por llevar falda y pantalón corto en verano". Esa, asegura, no fue la única vez que sufrió los malos tonos y las formas de esta trabajadora. "Nos imponía lo que teníamos que hacer despectivamente", un argumento que subrayan el resto de exvoluntarios, quienes denuncian incluso comentarios homófobos. "Alguna vez llegó a preguntar por qué iba gente de Chueca al voluntariado", explica Anna, una secretaria de dirección con más de 7 años de experiencia en la actividad y una de las que ha vivido el cese en primera persona.

"A mí me gritó por llevar pintadas las uñas y a una compañera la agarró del brazo", expone Alejandra, para quien lo peor era la desconfianza y sentirse cuestionada. "Se empeñaba en que bajáramos a los peques a un salón de actos que está lejos de oncología. Son niños inmunodeprimidos, no siempre pueden bajar y la mayoría de las veces no querían, pero ella no nos creía e incluso preguntaba a las enfermeras si era cierto cuando lo ideal es que estén cerca de la habitación por si pasa algo". José Luis, por ejemplo, es uno de los que no ha bajado nunca allí; tampoco quiere: "La diversión estaba siempre en esta planta", dice. Este periódico se ha intentado poner en contacto con la trabajadora sin éxito.

Apoyo de 1.200 firmas en 'Change.org'

No solo los voluntarios critican los modales de esta empleada. Luisma, uno de los 1.200 padres que han firmado la petición de Change.org para denunciar el cese del equipo —a los que considera parte de la familia después de haber apoyado a su hijo hasta el final—, la conoce de primera mano. "Acompañé a mi hijo una vez a la Pajarera y salió llorando de allí porque la señora le había empezado a chillar. Le había dicho que no tenía las mismas fuerzas que el resto para pintar. Luego fui donde ella y le dije que no iba a volver allí".

Recordar estos episodios no es fácil para Luisma. Todavía está reciente la muerte de su hijo, que falleció a los 13 años a causa de una leucemia, y a día de hoy no sabe cómo agradecer la labor de los voluntarios. "Estuvo 6 o 7 meses sin salir casi de la habitación y los días que venían los de Cruz Roja me decía 'sal, a ver si han venido ya'. Disfrutaba mucho. Solo puedo agradecerles lo que hicieron por él".

Destaca, entre muchas cosas, la disposición para acudir en días festivos, algo que también reconoce una madre de la planta. "Estas Navidades no ha venido nadie y ha sido todo muy triste". Para ellos era una alegría y también un respiro que dedicaran varias tardes a la semana a estar con los pequeños. "Les decíamos a los padres que aprovecharan cuando llegaban los de Cruz Roja para fumar, descansar o ir a comer. Nos fiábamos de ellos", admite una trabajadora de oncología pediátrica.

Cruz Roja: "La situación era insostenible"

La Paz asegura que se trata de un asunto de Cruz Roja puesto que los voluntarios tienen que estar asociados siempre a una entidad. "Como hospital no podemos comentar nada, pero sí se han producido más incidencias por el tema de las normas, también con otras asociaciones. No entraremos a valorarlo".

Cruz Roja, por su parte, explica a este medio que los voluntarios cesados no participaban en las actividades que organizaba el hospital. "No tenemos quejas de los niños, el problema es que no firmaban la asistencia y no colaboraban con las actividades. Nosotros nos tenemos que plegar a la Paz. Se ha intentado mediar pero la convivencia pacífica ha sido imposible y nos daba miedo perder la actividad", explica Dolores Casteleiro, presidenta de Cruz Roja Madrid. De ahí que en noviembre se optara por renovar el equipo al completo y se diera la posibilidad a los cesados de participar en otros hospitales.

Se ha intentado mediar pero la convivencia pacífica ha sido imposible y nos daba miedo perder la actividad

Sin embargo, ellos no tienen claro que quieran volver. Alejandra se siente tan desilusionada con la ONG que fue ella quien puso punto final a su voluntariado después del cese de sus compañeros. Todos ellos sienten que la entidad ha ignorado sus quejas, sus denuncias y sus escritos después de estos años. "Cruz Roja debería ayudar al voluntario en vez de ir en contra", critica Reme, una mujer que lleva 15 años ayudando a los niños a "desconectar, jugar y sonreír". Este cese, según cuenta, le ha "destrozado la vida" porque son muchos años encariñándose con los niños y las familias. Anna, voluntaria durante siete años, subraya esta idea. "Les importan más los números y perder la actividad que tanto prestigio les da que mirar por nosotros. Estamos defraudados con el hospital y con Cruz Roja".

Ellas dos no saben ni siquiera si podrán vestir el chaleco rojo aunque sea en otro centro. La Comisión de Garantías de la ONG está estudiando su caso particular para decidir si las cesan únicamente de la actividad de oncología pediátrica o de cualquiera que organice Cruz Roja debido a un incidente que tuvo lugar unos días después del cese, cuando se acercaron a ver a los pequeños por su cuenta y los de seguridad las echaron. "Nos trataron como a delicuentes".

Lo que sí tienen claro los cesados es que quieren seguir ayudando a los grandes supervivientes en su pulso contra el cáncer. "Da igual que nos eche Cruz Roja, seguiremos ayudando a los niños y a sus familias", sentencia Anna. Solo el tiempo dirá cómo, cuándo y dónde.

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