Juicio a un supuesto maltratador
Juicio a un supuesto maltratador EUROPA PRESS

Por término medio, cada día en España más de 80 hombres son condenados judicialmente por agredir a novias, mujeres o exparejas. Mientras crece principalmente el número de los penados por delitos que no conllevan ingreso en prisión, solamente medidas alternativas, lo que está bajando es el número de convictos que realizan programas terapéuticos destinados a atajar la reincidencia en violencia de género.

Según cifras de Instituciones Penitenciarias, en el año 2016 un total de 3.395 hombres ingresaron en prisión por delitos relativos a violencia de género. Mientras, otros 26.190 fueron condenados a medidas alternativas a la prisión. De estos últimos, solamente 7.659 (29%) se apuntaron al programa terapéutico para agresores de pareja denominado PRIA-MA.

Un año antes, en 2015, con menos condenados, 24.681, se apuntaron a los cursos 8.135, es decir un 33%. El descenso de la participación en estos cursos —que con diez meses de duración están diseñados para que los maltratadores controlen los impulsos, rebajen la ira y empaticen con las mujeres— ha sido de casi cuatro puntos porcentuales en un solo año.

Los expertos creen que uno de los retos actuales en la lucha contra la violencia de género es, precisamente, atajar el alto grado de reincidencia. Diversos estudios en España sitúan el nivel de repetición delictiva en violencia de género en el 20% de los sujetos. La última estadística oficial de asesinatos machistas de 2017 así lo corrobora. Once de los 49 homicidas (22,4%) tenían denuncias previas. De hecho, tanto el joven que mató a su exnovia en Benicàssim estrellando su vehículo contra una gasolinera como el hombre que mató a su mujer en Azuqueca de Henares frente a sus tres hijos, ambos en la última semana del año, habían sido previamente denunciados por malos tratos por anteriores parejas.

Fuentes de Interior recuerdan que la adscripción a estos programas es principalmente de carácter voluntario España comenzó a desarrollar programas de intervención psicosocial con maltratadores en el ámbito comunitario, fuera de la prisión, a mediados de los años 90 del siglo pasado. La Audiencia Provincial de Alicante fue pionera en sustituir las penas de prisión por cursos de reeducación a maltratadores en los 2000. A partir de la aprobación de la Ley de Violencia de Género (2004), estas terapias se generalizaron en España. En 2010 se homologaron y en 2015 se consideraron programas prioritarios dentro y fuera de las prisiones

Fuentes del Ministerio del Interior recuerdan que la adscripción a estos programas es principalmente de carácter voluntario. De los 7.169 hombres que se enrolaron en el programa terapéutico en 2016, tan solo 358 lo hicieron por mandato judicial y como condición para evitar entrar en la cárcel. Sin embargo, hay sectores que, mirando los datos a la baja de la participación, aprovechan para reivindicar políticas que incentiven la realización de estos cursos, una mayor profesionalización de los mismos, e incluso quienes defienden el beneficio de convertirlos en obligatorios para todos los condenados por violencia de género con penas que no requieran de ingreso en prisión.

Vicente Magro, magistrado y miembro asesor del Observatorio del Poder Judicial para la Violencia de Género, no se extraña de que solo uno de cada tres penados se apunte a los cursos de reeducación en España. Por su experiencia, este jurista tiene más que comprobado que "un maltratador no va voluntariamente a reeducación, siendo que los agresores por lo general son personas con ausencia de conciencia del problema y con una deficiente capacidad empática con las mujeres", asegura. De ahí que él mismo solicitara en una comparecencia en el Senado con motivo de la preparación del Pacto de Estado que se estableciera la obligatoriedad de estos cursos.

De momento, lo acordado en el Senado estipula su implantación en número suficiente por todo el país y solicita reformas legales para que todas las sustituciones o suspensiones de penas por trabajos para la comunidad estén condicionadas a la realización de un trabajo psicopedagógico en relación con el delito cometido. La medida también exige la profesionalización de los terapeutas, ante las quejas de que en algunas comunidades son voluntarios quienes imparten los cursos.

Magro cree también conveniente que la organización de estos programas se centralice en las Audiencias Provinciales para llevar mejor cuenta de su efectividad.

La portavoz de igualdad del PSOE en el Congreso de los Diputados, Ángeles Álvarez, tampoco se extraña de que haya tan pocos hombres en terapias voluntarias para mitigar las agresesiones machistas. "El dato no me escandaliza, porque la mayoría no tienen conciencia de que estén haciendo algo mal. En líneas generales están orgullosos de actuar como lo hacen". Sin embargo, Álvarez considera que el Gobierno debería incentivar la participación en las terapias. "El problema está en que si de 26.000 personas, 8.000 lo hacen y el resto no y no les implica beneficio a los que lo hacen, ¿por qué lo van a hacer?", se pregunta la diputada.

Un informe avala que la tasa de reincidencia baja del 20% al 6,8% después de haber realizado un curso de reeducación para agresores Álvarez recuerda que el éxito de los programas terapéuticos depende, en buena parte, de la motivación del que los realiza, por lo que duda de su eficacia si son prescritos como una obligación por los jueces.

Un estudio reciente encargado por Instituciones Penitenciarias ha revelado que la tasa de reincidencia disminuye entre los hombres que finalizan estos cursos para agresores machistas, que son a su vez siete de cada diez de los que los inician. Según las investigaciones sobre 678 sujetos, todos los agresores de pareja que iniciaron su programa de recuperación en 2010, únicamente 46 tuvieron una nueva denuncia policial por un delito de violencia de género, lo que supone que reincidió el 6,8%, cuando la tasa habitual ronda el 20%. En su trabajo, los investigadores sostienen que si se establecen protocolos para realizar seguimiento dos años después de la realización del curso y se identifica mejor el perfil diferencial de los reincidentes, se podría rebajar al 1% el número de sujetos que podría volver a delinquir.

Tres perfiles de maltratador

El vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España, Fernando Chacón, distingue entre tres tipos diferentes de perfiles de hombres que asisten a los cursos para agresores de pareja condenados. En primer lugar están los hombres que reconocen tener un problema y consideran que les puede ayudar su participación en estas terapias grupales e individuales. Se muestran colaboradores con el terapeuta. Son aquellos hombres a los que su entorno les ha hecho ver que ciertos comportamientos suyos dañan a sus parejas y están dispuestos a modificarlos. En segundo lugar están aquellos hombres que llegan escépticos al programa y porque les reporta beneficios (como los permisos penitenciarios, en el caso de que estén internos en una cárcel). Sin embargo, conforme avanza el curso ven que puede serles útil para mejorar sus relaciones sociales y se percibe que cambian. Chacón califica al tercer grupo como el de los "obstruccionistas", que son los que llegan con una visión totalmente negativa al programa y no aceptan que pueda resultarles beneficioso.