Por increíble que parezca, hay quienes dejan en un autobús una dentadura postiza, el bastón, el bolso, la tarjeta del banco y del seguro; el carné de manipulador, pirotécnico y vendedor ambulante, y toda clase de objetos que pueden revelar detalles íntimos. Como la cartera –con su álbum de fotos–, que, junto con el DNI, es lo que más deja el malagueño en cualquier parte.

De hecho, el carné de identidad es la estrella de la Oficina Municipal de Objetos Perdidos: recibe una media de dos al día, hasta los 67 al mes si se analiza la actual lista de extraviados en esta dependencia. Allí figuran 1.549, sin contar los 120 NIE (extranjeros).

En total, hay 4.099 artículos perdidos que esperan a su dueño y que están dentro del plazo legal antes de destruirse.

Si alguno de esos objetos es de valor, el Consistorio puede hacer uso de él una vez transcurrido el tiempo permitido. Pero en la lista actual no hay móviles ni cámaras fotográficas ni de vídeo, reproductores, radios, calculadoras o pequeños electrodomésticos, catalogados en la regulación como de algún valor.

Lo más cotizado ahora sin dueño conocido son bolsos de señora, un abono de fútbol (el del Málaga sale entre 200 y 700 euros), títulos de bachiller y 30 libros de familia que tienen su peso sentimental. Fuera de eso, la mayoría son documentos.

Por eso, si se le pierde el reloj o dinero, es muy probable que nunca llegue a la oficina. O puede que termine recuperándolo, nunca se sabe: casi el 60% de lo que se entrega logra devolvérsele al propietario.

De ahí que, aunque esta oficina viva en parte de la honradez de todos, sus dependencias en la estación de autobuses se han quedado pequeñas para almacenar tal cantidad de objetos y se está mudando a una más grande, cuya entrada se sitúa en el número 15 de la calle Victoria. Desde el día 19 está allí, aunque el traslado acaba esta semana, dice el Ayuntamiento.