El éxito del servicio de los serenos de Gijón es tan grande que la idea se exporta a muchas otras ciudades españolas. El perfil medio del sereno es el de una persona de unos 40 años. El 70% son mujeres, y las hay de más de 60 años hasta de 23, una chica que se paga la carrera de Derecho de esta manera.

En total son 39 serenos, aunque son sólo 26 los que patrullan cada noche, de 23.00 a 7.00 horas, las calles de seis barrios de Gijón. ¿Quién lo paga? El Ayuntamiento aporta el 30% del presupuesto. Lo demás lo sufragan los vecinos y comerciantes, pagando una cuota de 1,4 y 11 euros respectivamente.

Trabajan las 365 noches del año, y sus labores son de lo más variadas: información a turistas y visitantes, colaboración con servicios de seguridad y limpieza, ayuda a discapacitados y personas mayores, revisión de portales... hasta te compran los medicamentos en la farmacia de guardia más cercana.

Surgió hace siete años, como una iniciativa municipal para crear empleo, pero desde que ASATA (agrupación de sociedades asturianas de trabajo asociado) decidió tomar las riendas, Serenos Gijón S. L. L., se ha convertido en una empresa rentable que exporta su idea a localidades tan dispares como Gandía, Barakaldo y Murcia.

Estas ciudades ya cuentan con un servicio de serenos similar al gijonés, pero son muchas más las localidades que están en proceso de disponer de ellos: Mérida, Málaga, Cuenca, Logroño... toda una franquicia en la que los propios trabajadores son los dueños de la empresa.

«Nosotros sólo les enseñamos nuestra experiencia, luego cada localidad desarrolla el modelo que más les convenga», indica Francisco Pérez, director de Serenos Gijón. «Eso sí, el estatus de ‘franquicia social’ se tiene que mantener. Damos salida a personas que no tendrían salida en el mercado laboral», reconoce.