Muere el disidente chino y premio nobel de la Paz, Liu Xiaobo

Liu Xiaobo, en la cama del hospital en una captura de vídeo tomada el pasado 11 de julio, junto a los doctores y a su mujer Liu Xia.
Liu Xiaobo, en la cama del hospital en una captura de vídeo tomada el pasado 11 de julio, junto a los doctores y a su mujer Liu Xia.
AFP
El intelectual y nobel de la Paz chino Liu Xiaobo falleció este jueves bajo custodia en un hospital del norte del país, tras haber sido recientemente excarcelado por un cáncer de hígado terminal, según un comunicado oficial. El disidente Liu murió a los 61 años después de pasar los casi nueve últimos en prisión, donde se le concedió el premio nobel en 2010 por su activismo a favor de la democratización de China.

El intelectual y nobel de la Paz chino Liu Xiaobo falleció este jueves bajo custodia en un hospital del norte del país, tras haber sido recientemente excarcelado por un cáncer de hígado terminal, según un comunicado oficial. El disidente Liu murió a los 61 años después de pasar los casi nueve últimos en prisión, donde se le concedió el premio nobel en 2010 por su activismo a favor de la democratización de China.

La salud de Xiaobo no ha hecho más que empeorar desde que fue liberado, el pasado 26 de junio. El hospital de Shengyang en el que estaba ingresado había advertido esta semana de que su estado era crítico.

La familia pretendía que Liu y su mujer, Liu Xia, viajaran al extranjero para que él pudiera recibir tratamiento médico y para que ella, una vez fallecido el activista, pudiera vivir lejos del régimen de Pekín.

Sin embargo, las autoridades se negaron esgrimiendo que es un "asunto interno". "Esperamos que los países implicados respeten la soberanía china", ha insistido en los últimos días el portavoz del Ministerio de Exteriores, Geng Shuang.

El viernes se informó de que los médicos habían dejado de suministrarle medicamentos contra el cáncer, debido al deterioro que había sufrido su organismo en los últimos días.

Liu, que había pasado varios períodos encarcelado anteriormente, fue condenado en 2009 a once años de reclusión por incitar a la subversión tras ayudar a redactar la llamada Carta 08, un manifiesto político que pedía al régimen comunista la aplicación de derechos constitucionales, como la separación de poderes o la liberad de expresión.

"Gran responsabilidad" de China

China tiene "una gran responsabilidad" en la muerte "prematura" de Liu Xiabo al haberlo privado de atención médica adaptada, estimó este jueves el comité Nnobel noruego, que había atribuido su premio de la Paz al disidente en 2010.

"Encontramos profundamente perturbador que Liu Xiaobo no haya sido trasladado a un establecimiento en el que hubiera podido recibir un tratamiento médico adecuado, antes de que su enfermedad entrara en fase terminal", dijo la presidenta del comité, Berit Reiss-Andersen. "El gobierno chino tiene una gran responsabilidad por su muerte prematura", añadió en un comunicado.

"Activista político", tolerante y pacifista

Liu nació en Changchun, una provincia norteña de Jilin, en 1955 y en el seno de una familia de intelectuales. Le tocó sufrir desde temprana edad algunas de las políticas más controvertidas del gobernante Partido Comunista.

Estaba en Nueva York en 1989 cuando se enteró de que miles de personas pedían reformas democráticas en la plaza de Tiananmen en Pekín y no se lo pensó dos veces: decidió sumarse al movimiento y se convirtió en uno de sus miembros más destacados hasta el final de las históricas protestas.

"No podemos permitir un derramamiento de sangre. Debemos irnos", recomendó Liu cuando los tanques invadieron las principales avenidas de la capital para despejar a los manifestantes. Su negociación con el Ejército para que los estudiantes y trabajadores pudieran abandonar el lugar de forma pacífica salvó muchas vidas, pero Liu no pudo olvidar las entre cientos y miles de personas que fueron asesinadas en otros puntos de la urbe.

Sus más cercanos aseguran que fue entonces cuando el intelectual maduró y se convirtió en un "activista político", de carácter extremadamente tolerante y pacifista. Su implicación en las protestas le valió su primera condena, de dos años, y en 1996 llegó la segunda, de tres, en un campo de reeducación laboral. A pesar de sufrir dos décadas de constante vigilancia policial, no abandonó su propósito y ello le valió su última y dura condena, en 2009.

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