"Siempre miro al exterior tratando de mirar al interior. Tratando de contar algo que sea verdad. Pero quizá nada sea verdad". A sus 92 años, Robert Frank (Suiza, 1924) es, probablemente, la mayor leyenda viva de la fotografía.

Su historia como artista empezó a escribirse en la década de los 50 gracias a un libro, The Americans (Los americanos), que con el paso de los años se ha convertido en objeto de deseo y referencia clave para varias generaciones de fotógrafos. Compuesto por 83 imágenes realizadas tras dos años de viaje (1954-56) por 48 estados y seleccionadas entre más de 30.000 fotografías, no vio la luz hasta 1958 y en Francia, ya que las editoriales estadounidenses se echaron las manos a la cabeza por la imagen de injusticia social e intolerancia que mostraba sobre el país.

En su prólogo para el libro, el padre de la generación beat, Jack Kerouak lo definió así: "Robert Frank, suizo, discreto, amable, con esa pequeña cámara, que levanta y dispara con una mano, se tragó un triste poema desde la misma América y lo pasó a película, haciéndose un sitio entre los grandes poetas trágicos del mundo".

De la fotografía documental a la experimentación

Robert Frank se tragó un triste poema desde la misma América haciéndose un sitio entre los grandes poetas trágicos del mundo

Con objeto de descubrir mejor a este autor que intentó "derribar los límites de la fotografía y cuestionar ese lenguaje creativo", el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) presenta estos días y hasta el 15 de octubre la exposición Caso de estudio. Robert Frank. Fotografías, libros y películas.

La muestra incluye 19 fotografías pertenecientes a la colección del IVAM, libros, así como dos películas procedentes del Museum of Fine Arts de Houston y el vídeo documental titulado Fire in the East, que contextualiza su obra.

El recorrido se inicia con dos obras de su etapa documental de los 50, Look, London (1950) y Untitled. Park avenue scene (1950) y se sitúan junto a otras de los 70, década en la que el artista retoma la fotografía fija después de una etapa como cineasta. De esta segunda etapa destaca la experimentacion gracias al uso de la polaroid, la estética descuidada y la introducción de textos de su puño y letra e, incluso, de pinturas en las fotografías (sus dos parejas fueron pintoras). Sirven como ejemplo obras como Fire to the south, Mabou (1980) o Old City of Beyruth. November 18-28th (1991). "Robert Frank es un inconformista y el uso que hace de la polaroid, con imágenes sucias o rotas, ayuda a entender su trabajo", señala Sandra Moros, comisaria de la muestra.

True Story hace un recorrido por los lugares en los que vive para abordar cuestiones como el paso del tiempo, la memoria y la muerte

La introducción del sonido en su obra ha sido una necesidad vital para Frank, por lo que exposición se completa con la proyección de dos películas de su filmografía: Keep Busy (1975) y True Story (2004). Esta última es una cartografía de la vida del artista, un recorrido por los lugares en los que vive para abordar cuestiones como el paso del tiempo, la construcción de la memoria y la muerte.

Destaca también el fotolibro Zero Mostel reads a book, un fotolibro que el New York Times le encargó en 1963 y donde contruye la historia de un personaje histriónico a través de fotografías donde está muy presente la imagen en movimiento.