Trabajadora doméstica
Imagen de una trabajadora doméstica haciendo las tareas del hogar GTRES

La recuperación económica ha traído brotes verdes en casi todos los sectores. El turismo despega, la construcción resucita, crecen los autónomos y el paro adelgaza a marchas forzadas. Pero hay un sector laboral estancado desde que España arrinconó la crisis: las empleadas domésticas.

Sin contar al carbón —cada vez más hundido por el abandono minero— es el Sistema Especial de Trabajadores del Hogar el que muestra peor rostro. Su cifra de afiliados se ha estancado. Hace cuatro años había 426.528, casi tantos como ahora (429.092). Un avance somero del 0,6% que se antoja insuficiente comparado con el crecimiento del 12,1% de las cotizaciones generales en la Seguridad Social en el mismo período.

Fuente: Ministerio de Empleo / Elaboración propia

"No diría que el Sistema Especial está siendo un fracaso, pero tiene que modificarse para que de verdad suponga un beneficio para el sistema y para los trabajadores", explica a 20minutos Rosa Sampedro, secretaria sectorial de Limpieza y Servicios de la Federación de Servicios de UGT, sobre aquel régimen de cotización que entró en vigor en 2012 para relevar al extinto Régimen Especial de Empleados de Hogar.

Sólo en un año se ha reducido en 3.921 cotizantes; una caída del 0,91%A nivel práctico suponía que el trabajador pasaba cotizar en el Régimen General y se obligaba a los hogares a convertirse en empleadores. De 296.950 cotizantes en el Régimen Especial en diciembre de 2011, se pasó a 430.742 en el nuevo sistema en abril de 2014. Es decir, afloraron casi 140.000 afiliaciones hasta entonces sumergidas. Toda una bocanada de ingresos en un país que ansioso por recuperarlos tras la sequía que trajo el desempleo.

Pero la escalada se agotó. En el último año se cuentan 3.921 cotizantes menos; una caída del -0,9% que confronta con los 619.213 sumados en los últimos 12 meses al Régimen General, los 36.824 al agrario, los 1.142 ganados por el Régimen del Mar o los 30.938 añadidos al RETA de autónomos. De hecho, las afiliaciones del hogar en mayo (429.092) son menos que las que existían hace tres años.

Fuente: Ministerio de Empleo / Elaboración propia

¿Por qué este parón? Los sindicatos señalan varias direcciones. Para Sampedro fue "un error" diseñar un sistema que no reconoce el derecho al paro y que, desde enero de 2013, delega en los trabajadores empleados menos de 60 horas semanales por empleador la responsabilidad de gestionar su inscripción en la Seguridad Social.

Tampoco los trabajadoras hallan a veces incentivos en darse de alta. "Cuando se aprobó este sistema pensamos que sería beneficioso, pero muchas veces son ellas las que no quieren darse de alta", dice Sampedro. Unas no tienen papeles. Otras trabajan para varios empleadores y ven cómo se eleva el IRPF a medida que suman empleadores; y las que echan pocas horas no ven beneficio a cotizar si el trabajo de su pareja ya les cubre el médico.

Y luego están los empleadores que dan largas, los que buscan expresamente empleadas sin papeles para no darlas de alta, o los que dicen 'yo te pago 10 euros la hora y luego tú te apañas', a no ser que quieran rebajar su tarifa a siete u ocho euros. "Tiene que haber más mano dura con el empleador, exigirle que cotice por estas personas, pero no es sencillo para Inspección de Trabajo acceder a una casa privada", reconoce Sampedro.

Más de 200.000 empleos siguen sumergidos

Así que mucho empleo doméstico sigue sumergido. La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2017 estima que existen 629.500 empleados domésticos, casi un 3,5% del empleo del país. Al enfrentar esa cifra con los 429.092 afiliados en mayo, puede concluirse que más de  200.000 empleadas domésticas trabajan 'en negro'. Un 31,8% del total. Y un porcentaje casi invariable en los últimos cuatro años.

Y esta economía sumergida afecta sobre todo a las mujeres, porque el 88,4% de la ocupación del hogar es femenina, según la EPA. Mujeres que no solo ocupan trabajos mal pagados y sin derecho a paro, sino también en 'negro' y dejan una peor jubilación futura al haber cotizado menos. Un reciente estudio de la OIT destaca que el 80% de estas empleadas tiene de 30 a 59 años; y la mitad extranjeras, "especialmente de América Latina".

Los sindicatos piden que, como primer paso, España se una a países como Italia y Alemania y ratifique el convenio 189 de la OIT que equipara el trabajo doméstico al resto de empleo, que se cobre prestación por desempleo y que "la cobertura laboral de una empleada doméstica sea del 100%, como cualquier otro trabajador", reclama Sampedro.

Entrar en las casas, una barrera para la Inspección

Las empleadas de hogar pueden denunciar su situación laboral ante Inspección de Trabajo pero es difícil por la particularidad del trabajo. "No es como entrar en un campo de fresas para controlar el empleo irregular, son casas protegidas por el principio constitucional de inviolabilidad del domicilio", explican fuentes de Empleo a este medio.

Desde el ministerio explican que llegan denuncias, que se advierte al empleador y se da un plazo de 15 días para resolver la irregularidad. Si no, se avanza a un procedimiento sancionador. No existen cifras de las multas impuestas por estos casos, ni de cuántos de expedientes que acaban en sanción. Solo hay un registro de órdenes de servicio de inspección sobre "empleo sumergido en el hogar". Y estas han bajado un 41%, desde los 1.881 expedientes abiertos en 2013 a los 1.100 registrados en 2015, el último año para el que Empleo ofrece datos.

Órdenes de Servicio Empleo sumergido en el hogar Total
2012 1.184 587.815
2013 1.881 583.436
2014 1.462 560.491
2015 1.100 527.349