Un equipo de científicos ha descubierto que las gaviotas patiamarillas que crecieron en la zona del vertido del buque Prestige presentaban daños en sus órganos vitales, y que las crías que nacieron un año después de la catástrofe, tenían una alta concentración de hidrocarburos en sangre.

El petróleo se mantiene en la cadena alimenticia

Según ha informado este lunes el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el equipo de científicos, formado también por investigadores de la Universidad de Vigo y de la Universidad de Santiago de Compostela, ha detectado en las gaviotas que se criaron en las zonas contaminadas por el vertido, una concentración de hidrocarburos policíclicos aromáticos en sangre mayor que en aquéllas que lo hicieron en zonas limpias.

Los resultados de la investigación, que se publican en las revistas Environment International y Aquatic Toxicology, revelan que las gaviotas de zonas contaminadas presentaban un año y medio después del hundimiento del petrolero, además de daños en órganos como el hígado y los riñones, un descenso de glucosa y de fósforo inorgánico en plasma.

Conclusiones

En sus conclusiones, los autores consideran que los resultados son "preocupantes", dado que, un año y medio después del vertido, "el petróleo se mantiene en la cadena alimenticia", y existe contaminación de hidrocarburos policíclicos aromáticos en la sangre de los pollos de gaviota no expuestos al vertido de manera directa porque nacieron un año después.

Asimismo, advierten de que hay riesgo de subestimar el impacto de los vertidos de fuel en las poblaciones de las zonas contaminadas, si se ignoran los efectos a largo plazo que se derivan de una exposición crónica.

Este estudio se conoce coincidiendo con el aniversario de la catástrofe. El Prestige zozobró frente a las costas gallegas el 13 de noviembre de 2002 cargado con 77.000 toneladas de fuel.