Reunión de la Comisión de Toponimia.
Reunión de la Comisión de Toponimia. DGA

Para avanzar en esta iniciativa, esta semana ha habido una reunión de la Comisión Asesora de Toponimia de Aragón, coordinada por la Dirección General de Ordenación del Territorio y la Dirección General de Política Lingüística. El encuentro ha contado con la presencia del consejero de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda del Gobierno autonómico, José Luis Soro.

El director general de Ordenación del Territorio, Joaquín Palacín, ha explicado que se ha elaborado un documento, aprobado por unanimidad en la Comisión, para establecer los nombres oficiales de 150 cumbres que superan los 3.000 metros de altura en el Pirineo Aragonés.

El director general de Política Lingüística, José Ignacio López Susín, ha aclarado que el proyecto se justifica por el hecho de que las listas oficiosas que circulaban en distintos ámbitos presentaban a menudo nombres inventados o deformados respecto de sus denominaciones locales. La Comisión, formada por expertos, ha depurado los nombres de los 'tresmiles' con una propuesta que ahora será sometida a audiencia de los diez municipios que están implicados.

Mediante esta propuesta se han suprimido algunos nombres inventados, denominaciones como el Soum de Ramond, una montaña que se le dedicó al ilustre Ramond de Carbonnières olvidando que ya tenía un nombre propio que no es otro que el Pico d'Añisclo.

Algo parecido ocurría con el Monte Perdido, traducción del francés Mont Perdu, nombre con el que se bautizó a la cumbre más alta de las Treserols. No obstante, en casos como este, la Comisión se ha decantado por aceptar junto con la tradicional aragonesa también una denominación que, aunque foránea, ya goza de una cierta tradición. Con ese mismo criterio se mantiene el nombre de los Infiernos, en realidad inventado por el Conde Russell.

Por otro lado, se han eliminado topónimos inventados por algunas publicaciones realizadas fuera de Aragón en las que incluso el nombre de sus autores servía para rebautizar montañas que ya tenían su denominación tradicional. De este modo, el Pico de Baudrimont o el de Marcos Feliu se suprimen en favor de sus nombres verdaderos, Mallo de Tormosa y Punta de l'Ibón Chico, respectivamente.

SIN NOMBRE TRADICIONAL

En algunos casos, la Comisión se ha encontrado con cumbres secundarias que no tienen un nombre tradicional, en cuyo caso se han aceptado algunos bautizos más o menos consolidados como el que consiste en denominar con los nombres de Tuca de Rabadá y Tuca de Navarro a sendas cumbres del macizo de la Maladeta.

En el caso de cumbres sin denominación tradicional conocida y sin ningún otro nombre inventado, la Comisión renuncia a imponer un nombre. En estos casos se dirigirá a los ayuntamientos interesados proponiendo la adopción de un topónimo que esté relacionado con nombres próximos preexistentes, desechando el uso de patronímicos.

En las cumbres fronterizas con la Occitania, se ha hecho prevalecer la versión local aragonesa frente a la oficial de la cartografía francesa. Con este criterio desaparecen, por ejemplo, denominaciones como el Pico Schrader en favor de la tradicional Punta de Bachimala. Se han depurado algunos casos de malas traducciones, como la que transformaba la versión francesa de Pic de l'Épauleen Pico de la Espalda.

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