"DESCALZAS REALES: EL LEGADO DE LA TOSCANA"
La colección representa uno de los regalos de Estado que nuestro país recibió durante el siglo XVII como una una de las principales potencias del momento. JONATHAN GIL MUÑOZ

Cuatro siglos después de su llegada a España el regalo hecho a la Corona española por el Gran Ducado de la Toscana vuelve a brillar como el primer día. El Torreón de Lozoya alberga hasta el 25 de noviembre la colección de pinturas "Descalzas Reales: El legado de la Toscana" que podemos contemplar en todo su esplendor gracias al minucioso trabajo de restauración llevado a cabo por la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León. Obras del siglo XVII de temática religiosa que tuvieron como destino el Monasterio de las Descalzas Reales de Valladolid y que ahora recorrerán distintas ciudades de Castilla y León.

Volver a pintar los cuadros

Los trabajos de restauración han supuesto en muchos casos volver a dar vida a las pinturas. Durante cuatro siglos los lienzos han ido perdiendo su brillo, y hasta su pintura original. El proceso de recuperación de las obras puede admirarse gracias a un minucioso detalle que acompaña a la colección. Se puede comprobar en qué estado tan lamentable estaban las pinturas y cómo gracias a unas manos expertas y a una dedicación encomiable de los expertos han vuelto a salir de los talleres italianos.

La pintura sirve en este caso como instrumento de propaganda y enseñanza de la doctrina católica

La exposición, que se esparce por las diferentes salas del Torreón de Lozoya, se divide en tres series. La Pasión de Cristo, los Santos, y la Vida de la Virgen. Pintores como Jacopo Chimenti, Pietro Sorri, Pompeo Caccini, Filippo Tarchiani o Francesco Curradi pusieron su pincel a las órdenes del Ducado de la Toscana. El brillo, la intensidad de sus colores así como la claridad de sus trazos impresionan al visitante, ya de por sí maravillado por la talla de las obras, 247cm por 157.

Hay una obra que, por sus medidas y por su factura, destaca entre todas. Es la "La Santa Cena" de Jacopo Chimenti, con casi dos metros de alta y más de cinco de larga. Un lienzo que guarda una curiosidad, y es que el pan que estaba colocado bajo las manos de Jesús fue sustituido por un cáliz, para así alabar al Santísimo Sacramento.

Agasajo internacional

Durante los escasos cinco años en los que la Corte hizo de Valladolid la capital del reino la reina Margarita de Austria se dedicó a favorecer el nacimiento de distintas fundaciones religiosas. Este es el caso del Monasterio de las Descalzas Reales. El Gran Ducado de Toscana, sabedor de esta piadosa afición, quiso aprovechar la ocasión para hacerles llegar a los monarcas diferentes objetos de arte como regalos de Estado y así ganarse el reconocimiento de los reyes.

En la exposición colaboran la Fundación del Patrimonio, Caja Segovia y la Pinacoteca Descalzas Reales

Estos regalos llegaron a España en 1611, tan sólo un año después de encargarse las obras a un gran elenco de pintores italianos. La reina Margarita de Austria tenía pensado desde el principio que las pinturas fueran a adornar las paredes y estancias de las Descalzas Reales. Propósito que no pudo ver en vida, pues murió unos meses después de la llegada de los presentes. Dice el dicho que las cosas de palacio van despacio, y por algo es así. Pasaron cuatro años hasta que finalmente las pinturas llegaron a Valladolid, donde han permanecido sin moverse hasta ahora.

La exposición "Descalzas Reales: El legado de la Toscana" se puede visitar hasta el 25 de noviembre y la entrada es gratuita. El horario es de 17 a 21 horas, para los días laborales, y de 12 a 14 y de 17 a 21h, los sábados y festivos.

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