Henri Matisse 'The Yellow Dress', 1929-31 - Richard Diebenkorn 'Seated Figure With Hat', 1967
Izquierda, un Matisse. Derecha, un Diebenkorn The Baltimore Museum of Art ©2016 Succession H. Matisse / ARS NY - National Gallery of Art. Washington, D.C. ©2016 The Richard Diebenkorn Foundation

Nunca se conocieron en persona, vivieron separados por un océano, un amplia brecha en el tiempo y, al menos en apariencia, por escuelas artísticas muy diferentes, pese a que ninguno fue líder ni partícipe cómodo de ninguna, porque siempre fueron a su bola, ajenos a los caprichos del momento. Es un tremendo contrasentido, sin embargo, que nadie haya considerado reunir bajo un mismo techo y en una sola exposición conjunta, las obras del francés Henri Matisse (1869-1954) y el estadounidense Richard Diebenkorn (1922-1993).

Lo ha conseguido, después de quince años de preproducción, el Museo de Arte de Baltimore (BMA en las siglas inglesas), que presenta, hasta el 29 de enero de 2017, el emparejamiento Matisse/Diebenkorn, con 36 cuadros del primero —entre ellos algunas de las obras maestras propiedad de la pinacoteca, que tiene la colección más importante y numerosa en los EE UU del superdotado artista francés— y 56 del segundo, uno de los grandes pintores estadounidenses de la postguerra, a quien el primer contacto con Matisse empujó a ver el mundo con, como él mismo decía, "tensión bajo la calma".

"Aunque se ha escrito mucho sobre la influencia de Matisse en Diebenkorn, esta es la primera gran exposición para ilustrar la poderosa influencia de la obra del primero en uno de los artistas más significativos de los EE UU", dice la comisaria de la muestra, Katy Rothkopf. "Hemos seleccionado cuidadosamente las obras de Matisse que Diebenkorn conoció, proporcionando a los visitantes a la exposición de la BMA la oportunidad sin precedentes de descubrir a Matisse a través de los ojos de Diebenkorn".

Matisse, perfeccionista

Diebenkorn se encontró con la "pintura verdadera" preconizada por Matisse —pintor que, pese a la apariencia de innata naturalidad de su técnica, era un perfeccionista consumado que cribaba versiones hasta dar con el resultado que buscaba— en la segunda mitad de la década de los años cuarenta, cuando el francés, que había atravesado y agotado las vanguardias, estaba cerca de la muerte.

Visitó el MET y el BMA solo para ver obras de Matisse Para el joven estadounidense sendas visitas al MET y al BMA con el único fin de ver obras de Matisse fueron un renacimiento casi metafísico: había coqueteado con la abstracción y estaba enamorado de la modernidad existencial de Hopper, pero la libertad de la mirada del francés le hizo desdeñar toda influencia externa y ser fiel a un sólo dogma, el instinto.

'Impacto significativo'

La exposición también presenta ejemplos sobresalientes de las abstracciones a las que regresó Diebenkorn entre 1953 y 1955, que demuestran el "impacto significativo" de su visita a una retrospectiva de Matisse en Los Ángeles en 1952.

Una rica selección de pinturas y dibujos del período figurativo posterior —ya anotamos que el pintor había aprendido a moverse a contracorriente, por impulsos personales— ilustran su cambio de paso de la abstracción hacia la materia identificable justo cuando en los EE UU triunfaban la antiforma.

Paleta abstracta que podría ser habitada por Matisse La pasión de Diebenkorn por Matisse le llevó  a viajar a la URSS en 1964 para ver cuadros del francés en Moscú. Unos años después, cuando el pop art era la moda triunfante, volvió a la abstracción, empleando una paleta en la que podría habitar su maestro y alma gemela Matisse.