Así, según ha informado la UCO, una excavadora abriendo una zanja, un martillo hidráulico trabajando, una línea férrea pasando demasiado cerca de unas viviendas, es decir, las obras civiles y las infraestructuras viarias, pueden producir molestias a las personas que viven cerca. La molestia más estudiada es el ruido que ocasionan, pero hay otro factor menos conocido: las vibraciones asociadas a todas estas labores.

Por eso, un equipo de las citadas universidades de Córdoba y Salford ha estudiado los efectos de estos traqueteos en personas que viven cerca de una línea de tren ligero y han observado que la percepción de la molestia es subjetiva. No todos los afectados notan el mismo efecto ante un mismo nivel de vibración.

El trabajo se ha realizado a partir de una estancia de la profesora del Departamento de Ingeniería Rural de la UCO María Dolores Redel en la institución británica. Redel coordinó un proyecto financiado por la Fundación Mapfre complementario a un proyecto previo del Departamento de Medio Ambiente y Asuntos Rurales del Reino Unido para ampliar el conocimiento sobre las molestias de las vibraciones en personas.

A este respecto, Redel ha señalado que "hasta ahora no había mucha literatura científica al respecto" y, para ello, según ha detallado la investigadora, se fijaron en una particularidad de la red férrea inglesa, la más antigua del planeta.

Las ciudades británicas han crecido engullendo las vías, por lo que existen barrios muy próximos a estas redes viarias. En consecuencia, el Reino Unido ha establecido una norma que establece los niveles de aceptabilidad de una vibración o un ruido, tanto para los ferrocarriles, como para las obras civiles. Los investigadores trataron de saber si esos límites legales son reales.

Para ello, encuestaron a 350 personas en Reino Unido y consideraron inicialmente tres factores: el nivel de molestia, el daño en la propiedad derivado de los temblores y la aceptabilidad de las oscilaciones. Posteriormente buscaron la correlación entre el nivel de vibración y estos tres factores subjetivos. El trabajo ha sido recientemente publicado en la revista científica 'Science of the Total Environment'.

LA ACEPTACIÓN VARÍA

El equipo científico observó que mientras el nivel de molestia y el daño a la propiedad percibido se incrementaba si lo hacía el tembleque, la aceptabilidad de estos incordios era diferente, según las circunstancias de los vecinos. Así, aquellas personas que habían decidido vivir al lado de una línea férrea o que ven que la obra civil es necesaria para la comunidad o para sí mismos, aceptaban de mayor grado las desagradables sacudidas.

En el trabajo se ahonda en estas percepciones subjetivas. Aunque ni la edad ni el sexo de las personas encuestadas influía en la percepción, otros factores sí. Uno de ellos es el régimen de propiedad. Si éste era propietario del inmueble, las molestias se incrementaban. En cambio, las personas que vivían de alquiler eran más comprensivas ante una obra o el paso regular de un tren, lo cual, según ha opinado la investigadora de la UCO, "puede deberse a que estos inquilinos ven su estancia en la vivienda como algo circunstancial y que pueden acabar con el incordio cambiando de piso".

Otra circunstancia que también se observó es que, si desde la vivienda se ve la obra, la molestia percibida era mayor que si le daba la espalda, aun al mismo nivel de afectación. "Estas percepciones subjetivas no eran muy conocidas y pueden ayudar a establecer el grado de molestia real que una persona que denuncia esta circunstancia padece", según ha explicado Redel, quien ha aclarado que, debido a la amplia estructura férrea y a las mejoras en la red viaria, en el Reino Unido se producen un gran número de reclamaciones por estas molestias a lo largo del año.

El muestreo comprendió a unos 350 sujetos de entre 16 y 85 años, aquellos que abrían la puerta y atendían a los encuestadores. El cuestionario fue validado por un comité de cinco expertos internacionales.

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